dimarts, 25 de febrer del 2014

Te sigo queriendo y no me apetece dejar de hacerlo.

'Cariño, puede que haya esperado mucho para responder tu mensaje pero es que no tenía el suficiente valor para llamarte sin echarme a llorar. Y puede que esté perdiendo el tiempo o que quizás este mensaje nunca sea escuchado pero no me importa, necesito decirte lo que llevo guardado desde hace meses. 

Quiero decirte que tú no eres el único que echa de menos todas esas cosas, joder, que yo soy la primera que echa de menos escuchar como metes la llave en la cerradura de la puerta y segundos después verte aparecer por la puerta con una sonrisa. Que yo también echo de menos que me cojas a horcajadas cada vez que tienes que besarme porque sino no llego a tus labios. Y no sabes lo jodido que es notar el frío del hueco vacío del lado derecho de la cama, ni lo que es no desayunar desde que te has ido porque no tiene gracia si no estás aquí para robarte la comida. Y me duele tener que salir de la ducha y no tenerte para que me abraces y me quites el frío haciendo que entre en calor a base de caricias. Y desde que ya no estás me importan una mierda los programas que veíamos en la tele porque verlos sola no tiene gracia, no si no puedo verlos apoyada en tu pecho mientras me acaricias el pelo. Y lo peor de todo es que en mis peores días no tengo tu cuello en el que me escondía cada vez que necesitaba llorar. Así que olvídate de una puta vez de la idea de que yo ya te he olvidado porque ni de lejos lo he intentado, es que no quiero hacerlo. 

Sé que llego tarde, puede que ahora mismo estés con tu chica o le estés haciendo el amor, o quizás la estarás mirando mientras duerme y escucharás éste mensaje de fondo, y yo lo único que sé es que cuando cuelgue me echaré a llorar porque cada vez noto más cerca ese nudo en la garganta que quiere salir. Pero no importa, ya sabes que yo soy fuerte o al menos lo intento. 

Ah, una última cosa, cariño, ¿sabes que es lo peor? Lo peor de todo no era haberte perdido y que aun así siguieras en mi vida sino que lo peor de todo es perderte de vista y no saber donde estás ni cuando volverás. Por eso te llamo, para pedirte que vuelvas, sobretodo si estoy a tiempo de volver a tenerte. Por favor, no me digas que me has olvidado, te lo pido, porque como lo hayas hecho moriré en vida al no poder oír nunca más como me susurrabas ese te quiero mientras me hacías tuya una y otra vez todas las noches de mi vida.'

y antes de colgar y decirle ese adiós que al final fue para siempre, suspiré y segundos después hablé de nuevo:

"cariño, una cosa más que no tiene mucha importancia, que te sigo queriendo y no voy a dejar de hacerlo, no me apetece."

-Ann.

diumenge, 23 de febrer del 2014

Me toca despedirme de ti y saludar al olvido.

‘Puede que cuando escuches este mensaje ya estaré a unos cientos de kilómetros de ti pero es que he estado llamándote y no respondías, supongo que estarás trabajando o rehaciendo tu vida así como estoy intentando yo. Lo he intentado todo, te lo juro, pero es que no se me da bien estar sin ti. No me gusta despertarme cada vez que suena el despertador y girarme y que no estés para darte el beso de buenos días mientras me dices que no quieres que te bese porque estás horrible. ¿Y si te dijera que en ese momento del día es cuando pienso que estás más preciosa que nunca?

También he estado intentando que no me duela ver la toalla que usabas cada vez que nos duchábamos juntos pero se me hace imposible verla, y a su misma vez oír la radio porque suenan todas esas canciones que se oían de fondo cada vez que hacíamos el amor y empañábamos los cristales del baño. Me cuesta sentarme a desayunar y que no estés cerca o que aparezcas por detrás abrazándome por la espalda con una de mis camisetas y que me beses el hombro derecho. Echo de menos darme la vuelta en el taburete de la cocina y que te metas entre mis piernas para abrazarme por la cintura de buena mañana, de la misma forma que echo de menos abrazarte y apoyar mi barbilla en la cima de tu cabeza y besarte el pelo. Que me quites el desayuno del plato y que me compenses la falta de comida con tus besos, que te despidas de mí porque tienes que ir a trabajar y te enganches más minutos de la cuenta a mis besos y te plantees faltar porque tienes ganas de mí. O que llegues a casa cansada y nos sentemos juntos a ver la tele mientras me cuentas que tal te ha ido el día y lo mucho que me has echado de menos. Echo de menos decirte lo mucho que te he pensado entre la hora del almuerzo y la vuelta al trabajo, o escribirte un mensaje diciendo “tengo unas ganas de verte y comer de ti todo lo que en el desayuno me has robado” o que me llames y acabes riendo sabiendo que me encanta. Pero…¿sabes lo que verdaderamente echo de menos? Estar los dos al teléfono y que durante unos segundos nos quedemos callados escuchando nuestras respiraciones y que tú, como siempre, antes de colgar, suspires y me digas eso de “cariño, solo una cosa más sin importancia, que te quiero”. Dios, no sabes las veces que me han entrado ganas de llamarte como estoy haciendo ahora y que me saltara el contestador para escuchar el sonido de tu voz.
Puede que ahora mismo te estés preguntando a que viene ésta llamada pero tenía que avisarte que he decidido irme un tiempo, porque no me sale seguir con mi vida aun teniéndote en ella. No puedo. Y sabes que soy un cobarde como para coger el coche e ir a verte para decirte todo esto, y por eso te llamo. Para dejarte el último mensaje diciéndote lo mucho que te quiero..solo espero que al volver, si decido llamarte ya se me haya pasado todo esto de quererte.
Y no quiero acabar el mensaje y decirte adiós porque al hacerlo tendré que olvidarme de ti para siempre y eso es algo para lo que no estoy preparado, pero es inevitable cariño. Solo espero que cuando vuelva a casa, las cuatro paredes no me recuerden lo mucho que te quise y te sigo queriendo. Supongo que tenías razón, ha llegado el momento de olvidarte así como tú lo has hecho.

Creo que va siendo hora de colgar, de decirte adiós a ti, y saludar al olvido.’

Y cuando creía que había colgado escuché su respiración y segundos después se atrevió a pronunciar esa frase que a él tanto le encantaba y que desde entonces yo empecé a odiar:

“solo una cosa más sin importancia, aun te quiero pero espero dejar de hacerlo.”

-Ann.

dissabte, 22 de febrer del 2014

Si alguien ha escuchado risa más bonita que la suya, que me llame.

'os voy a contar un cuento (el mío);

había una vez -y solo una porque esto de enamorarse de verdad no pasa siempre- una chica que en la vida se había enamorado. Una chica que no tenía tiempo para sentir cosas que no pudiese controlar, una que no tenía ganas de acabar jodida pero entonces apareció él.  ¿Quién? os preguntaréis; pues llegó el chico que sin querer o queriéndolo, no sé, la hacía un poco más feliz, con pequeños gestos y detalles, aquel que aun hablando mal del amor, empezó a sentirlo. Ese chico que sonreía sin saber que muchas otras chicas- aparte de ella- acababan colgadas por esa sonrisa. Y poco a poco llegaron los besos, las caricias, compartieron sus miedos, se consolaron, se ayudaron, abrazaron, quisieron, amaron, follaron..y no se sabe cómo, ni cuando ni donde pero llegó el día en el que tanto ella como él se necesitaban hasta el punto de seguir solo porque el otro lo hacía. Y ella empezó a tener miedo de que él fuese la excepción que la hiciese creer en los finales felices, porque estando con él era inevitable pensar que no parecían tan imposibles. 

y todo eso les dejó unos recuerdos imposibles de olvidar; una cama sin hacer, el maquillaje de ella esparcido por el cuarto de baño de él, la ropa tirada en la cama, la goma de su pelo perdida en el suelo de la cocina por culpa del arrebato de pasión entre los dos, las fotos de ambos encima del cabecero de la cama, esa canción que tantos les gustaba oír juntos- la suya-, esos versos que él le escribía y hicieron que se enamorase, el bolígrafo con el que él escribió su historia, las manos que tanto la acariciaban y acabaron rompiéndola, esos dedos que machacaron las páginas de su historia, los mismos que contaban los lunares de la espalda de ella cada noche.

y al final todos esos recuerdos se esfumaron y dieron paso a ese adiós, no el típico adiós que dices a alguien que verás mañana, sino un adiós que después de decirlo vendrá lo peor, el olvido.

A partir de aquí no se sabe muy bien como continuó la historia- esas páginas se perdieron- aunque estoy segura que ella las recuerda. No creo que haya olvidado todas las noches encerrada en su habitación llorando, como tampoco habrá olvidado ese vacío que sintió ni lo que le dolía notar la ausencia del chico que más llegó a querer..¿porqué creéis que ella no quería enamorarse? odiaba no poder controlar lo que sentía, odiaba no poder dejar de querer a alguien, no poder decir "basta" y dejar de pensar en él. Sé muy bien que intentó continuar con su vida, seguir, luchar, vivir e incluso porqué no, enamorarse pero no pudo, no pude, fui incapaz de enamorarme de nuevo.

y aquí me tenéis, sigo buscando a alguien que haya escuchado risa más bonita que la suya, y si lo hacéis, llamadme, a ver si así me enamoro de nuevo de una risa que sí que valga la pena aunque dudo que exista risa que supere a la de él, intentadlo si queréis.'

-Ann.

diumenge, 16 de febrer del 2014

El problema sería girarte y encontrarte la cama vacía.

'echo de menos escribirte mientras te miraba como dormías en mi cama, y preferiría eso que no escribirte ahora que no te tengo. Y no solo echo de menos escribirte sino también mirarte..dios, nunca me había planteado la posibilidad de que existiese un ser tan perfecto como tú; tu pelo, aquel por el que se escondían mis dedos cada vez que me hacías el amor como si fuese la primera vez. Tus ojos, aquellos en los que me perdía como el primer día; tus labios, esos que parecían que querían desgastarme, y no me importaba si eras tú el que me desgastaba porque sabía que después de ti todos los besos me sabrían igual. Tus mejillas, por las que me volvía loca, que sabías que me pasaría el día mordiéndolas a la altura de tus hoyuelos y las seguiría marcando todas las noches de mi vida con pequeños besos para perderme segundos después en tu cuello. Tu cara en sí, riendo, teniendo un orgasmo, hasta llorando, tío no quiero que llores pero es que aún así eras capaz de mantener tus encantos. ¿Y ese jodido espacio entre el hombro y tu oreja qué? si pudiese me quedaría ahí viviendo escondida mientras muerdo el lóbulo de tu oreja sabiendo que te encanta. Te mordería el hombro para ponerte la piel de gallina, te arañaría la espalda y te contaría los lunares no vaya a ser que algún día los pierda..-y los perdí-.. y podría seguir diciendo todo lo que me encanta de ti, como esas noches en las que tus piernas se enredaban con las mías y que no sepamos donde empiezas tú y donde termino yo, como tus grandes manos buscaban a las mías, esas más pequeñas, que las entrelaces y que acaricies con uno de tus dedos la palma de mi mano sabiendo que me hace cosquillas. 

y me gusta todo eso de ti solo porque eres tú. 

y es que no solo adoro como eres sino también lo que me hacías- y haces- sentir , como me ponías la piel de gallina con tus besos, como me volvía loca que te enredases en mis labios y que quisieras quedarte ahí durante todas las noches de tu vida o que me acercases más a ti cuando era imposible estar más cerca el uno del otro, aunque quisiéramos. Y sobretodo me encantaba que me dijeses que esa noche no querías hacerme el amor y que me digas que solo necesitas abrazarme, que necesitas tener a lo más importante que tienes entre tus brazos para sentir que no lo pierdes. Nunca había pensado que alguien podría sentir lo que yo sentía, ese miedo a perder a alguien y no tenerlo nunca más, y verlo en tus ojos chico, dios, no sabes lo que te necesitaba o sí, claro que lo sabías, míranos, para ese entonces no podíamos vivir el uno sin el otro. 

-nena- escuché decirte.

-¿qué pasa?- te miré cerrando mi diario.

-¿qué haces que no estás aquí?- volví a tumbarme a tu lado.- no te notaba cerca y te echaba de menos.

-no te preocupes ya estoy aquí.- dije abrazándote.

-lo sé, pero ya sabes que no me gusta girarme en la cama y no encontrarte.

-no me has encontrado pero aquí sigo, el problema sería girarte y encontrarte la cama vacía.

-eso nunca sucederá, nena.

-no claro que no.

-te lo prometo- dijo él.

"te lo prometo", já. ¿Quien es la que ahora se gira en la cama y se la encuentra vacía? ¿quién es la que echa de menos escribirte cuando estás dormido? ¿quien es la que te llora y la que te busca? ¿quien es la que necesita absolutamente todo de ti? sí, muchas lo necesitan pero yo también, joder, que todo se acabó a raíz de tu promesa, no tuviste que haberme prometido nada, ni que te quedarías, ni que siempre estarías, nada, porque yo como una estúpida y tonta enamorada-lo que era- te creí y te seguiría creyendo porque no puedo estar sin ti, aunque quiera intentarlo, aunque me lo proponga, no me sale echarte de mi vida así que ven y hazlo, actúa como un cabrón y haz que te odie para que así tenga motivos para olvidarte y dejarte ir.'

-Ann.

dijous, 13 de febrer del 2014

Colarme en tu pecho y llegarte tan hondo como tú hiciste.

'ésta es la carta número doscientas setenta y tres, otra carta más de todos los días que estoy sin ti, siempre digo que será la última, prometo por encima de todo que esa noche en la que te escribo será la última pero a la noche siguiente suelo encontrar algo nuevo que decirte. Son las dos y cincuenta y seis de la noche, otra noche más en la que no estás para resguardarme del frío con tus abrazos, ¿recuerdas esas noches? siempre decíamos que no nos servía de nada usar mantas si nos teníamos el uno al otro para hacernos entrar en calor, yo todavía lo recuerdo. 

seguro que te preguntarás que qué hago despierta a estas horas pero es que cada noche es la misma rutina, me despierto buscándote en la cama, suelo girarme y al encontrar el hueco vacío ya no puedo dormir más. Me levanto y aun sabiendo que me congelaré, salgo al balcón a escribirte una noche más, a recordarte con mis líneas para notarte más cerca y para que me duela menos tu ausencia. Eres como esas heridas que aún escuecen y que no dejarán de doler hasta que dejes de tocarlas pero es que yo siempre busco alguna excusa para rozar tu herida sin querer y notar que sigue ahí para convencerme de que existes, de que te quise, de que te tuve..esa herida que no sé si algún día se curará pero sé que siempre que la mire pensaré en ti, en que no te tengo, que no volverás y eso duele mucho más que cualquier putada que me hiciste. 

mucha gente se piensa que todo esto lo hago aposta, que quiero ir dando pena diciendo que estoy jodida pero, joder, que yo soy la primera que no quiere estar así, no quiero dedicar mis noches a un chico que se las dedica a otras, no quiero echarte de menos, me da pánico hacerlo, me da miedo echarte de menos, más que algunas de esas tantas películas de miedo que veíamos para acabar abrazados. ¿miedo? te preguntarás, sí, me da miedo no poder dejar de hacerlo, no poder seguir con mi vida. Chico, que no tienes ni puta idea de lo que me acojona ésta forma mía de esperarte.

y te espero..
y sigo esperando y no vuelves..
y mientras sigo escribiendo para notar que te tengo aún sin tenerte.

Y puede que sea una pérdida de tiempo escribirte cartas si no vas a recibirlas, o aunque lo hagas ni vas a leerlas, pero no sé, tengo la necesidad de que sepas que hay alguien que te echa de menos, que te escribe, que te recuerda, que te necesita, que te busca y no te encuentra. Recuerdo que ayer te escribí y en la carta te dije lo mucho que te odiaba, que odiaba quererte tanto y hoy vengo y te digo lo mucho que te echo de menos. ¿no ves todo lo que provocas en mi? haces que te quiera y te odie al mismo tiempo. Quererte porque eres todo lo que necesitaba, odiarte porque ya no estás, te fuiste sin saber que tú me devolvías las ganas de vivir. 

Y no tendría porqué decírtelo pero te escribo y llueve, no es ese tipo de lluvia en la que sales a la calle con un paraguas, es ese tipo de lluvia que solo se podría detener con un par de pulgares que parasen esas gotas, unos pulgares que ya no están. Unas manos que ya no me tocan hasta el amanecer, unos brazos que ya no me abrazan, unos labios que ya no me besan como lo hacías cada vez que me recogía el pelo y rozabas levemente mi nuca. Una mirada que ya no me mira como a ninguna otra persona ha mirado. Ese chico que ya no tengo.

te confieso que me arriesgué y dejé que entraras en mi vida y te juro que intenté no fijarme en ti pero luego aparecías con esa sonrisa en la que me perdía y rompí la promesa de no enamorarme. Quería arriesgar e intentar que entrases en mi vida sin enamorarme de ti pero no pude y cuando supe que ya no había vuelta atrás solo quería una cosa, quería colarme en tu pecho y llegarte tan hondo como tú estabas haciendo..

..pero no lo conseguí y esperé, esperé marcarte y dejarte huella, esperé que te volvieras loco por mi, loco por cumplir todas esas primeras veces juntos, loco por abrazarme, besarme, tenerme. Pero no era tan fácil y mientras tú sin querer me volvías loca escribiendo prosa en mi espalda con tus dedos, me volvías loca solo con mirarme en silencio al otro lado de la cama, con tus abrazos, con tus besos, solo tú conseguías algo en mi que no había conseguido nadie, solo tú conseguiste conocerme de verdad; con todo lo bueno y lo malo, y te seguiste quedando aún sabiendo lo peor de mi, pero no ibas a quedarte siempre, no podía ser tan bueno, eso en mi vida no dura nada. Y tú no ibas a ser la excepción.'

-Ann.

dimecres, 12 de febrer del 2014

paréntesis, contradicciones y tú.

 –¿por qué me dejas?
 nunca dije que tuviese que quedarme, ¿acaso lo dije, chico?
bajé los ojos; no quería que vieses como se me empañaban los ojos.
 –respóndome. ¿lo dije?
no, no lo dijiste, pedazo de mentirosa. lo decías cada día, al levantarse el sol, cuando un rayo de luz te recubría el pecho desnudo y sabías que aún tenías cinco minutos para perderte (conmigo) entre las sábanas, hasta que teníamos que levantarnos para enfrentarnos (juntos) a un nuevo día. recuerdo como lo decías, intercalándolo en cada frase, en veces en que hacía perderme del contexto, pero mirándote a los ojos sabía perfectamente donde estaba: en el lugar donde quería estar. lo decías cada día cuando teníamos que separarnos, intentando que pasase lo más deprisa posible, para volver a verte (a ti) y que pudieses volver a decírmelo, al oído, de esa forma que hacía que me surgiese calor en el bajo vientre, y frío en el cuello; y uno subía y el otro bajaba. y en encontrarse sentía una pequeña explosión, un contraste, que definía exactamente como éramos (tú y yo). también solías decírmelo en la cama, de nuevo, donde dos seres imperfectos y incompletos (nosotros), llenos de amor en los ojos y pasión entre las piernas, se dejeban desnudar por el otro y se juntaban dando lugar a la creación más completa y perfecta del mundo, o así nos lo parecía. cada noche era diferente, divertida, apasionante, irrepetible. y después de tanto trabajo, recompensado, justo en el apogeo del placer, me cogías por el pelo y volvías a decírmelo (tú). y yo volvía a tragármelo, como iluso que ya quiere lo que tiene.
pero me callé todo eso y opté por decirte:
 –no, claro que no.

-Alejandro.

diumenge, 9 de febrer del 2014

Soy la primera que busca recordarte en cualquier rincón para sentir que aún te tengo.

'he vuelto a coger el tren, aquel donde nos conocimos un diecisiete de septiembre. He vuelto al vagón donde surgió nuestra primera mirada sin saber que esa sería la primera de muchas. He vuelto a sentarme en la misma puta butaca y por costumbre la mirada se me iba a aquel rincón en el que siempre estabas, no falla. Recuerdo que siempre tenías esa cara de medio dormido y despeinado, pero que seguías estando igual de guapo, como siempre, no sé como lo conseguías. Recuerdo que me mirabas y yo como una tonta agachaba la cabeza para luego volver a mirarte y pillarte sonriendo. En eso tampoco fallabas, tu sonrisa nunca faltaba, aún sin conocerme. Recuerdo como sin quererlo y sin planearlo acabábamos sentados el uno al lado del otro, como las miradas se convertían en palabras. Recuerdo como esa hora de trayecto se nos hacía demasiado corta y necesitábamos mil más para tener suficiente el uno del otro, necesitábamos despedirnos con una mirada y una sonrisa deseando volver a vernos en el viaje de vuelta. Nos buscábamos y nos sentíamos aliviados al encontrarnos. Y te preguntarás que qué hago aquí, supongo que intento superarte y aun no me había sentido con suficiente fuerza para volver al lugar donde te conocí, hasta ahora. Estoy intentando pasar por todos los sitios en los que estuvimos e intentar no sentir nada pero no lo consigo. Olvidarte y superarte son cosas tan distintas..y yo no sé si estoy consiguiendo alguna de las dos. Pero es que son tantos los sitios que me recuerdan a ti, ¿así como quieres que te olvide? ¿sabes lo peor de todo? que no solo todo lo que me rodea me recuerda a ti y que no estás sino que también lo hace mi almohada, esa que aun huele a ti, y yo sigo sin tener los cojones de deshacerme de ese olor que tanto me recuerda a ti.

Miro a través de la ventana del vagón y veo como está anocheciendo, he salido tarde del trabajo, ya ves, intento mantener mi cabeza llena de planes porque sino me paso las noches planeando como echarte de menos al día siguiente, y al otro y al otro, y así siempre. Nunca había pensado que sería tan difícil recordar el día en el que fui feliz, pero hace mucho que hay tantas cosas que me cuestan tanto. Todo parece menos fácil sin ti, no sé cómo me lo monto que siempre acabo perdiendo aquello que tanto necesito para seguir. 

Hay días en los que me sigo negando que esto ha terminado, en los que sigo sin creerme que tú hayas puesto el punto que marcó el fin de nuestra historia y aun sigo pensando que no pareció que alguien se diese cuenta de ello y menos aún que le importase como me sentía. Nunca he odiado tanto un punto y final, siempre lo veía en mis libros favoritos pero cuando se encontraba plasmado siempre lo hacía con un final feliz, y lo nuestro no se acerca ni de lejos a algo feliz, al menos no para mi. 

Al bajarme del tren vuelvo a sentir ese vacío que sentía cada vez que me separaba de ti y nos mirábamos a través de la ventana, sé que no es buena señal, lo sé, joder..pero es que no puedo dejar de sentirlo. Y no solo es el vacío que noto al sentir que te estoy dejando en ese tren, sino también es ese tipo de vacío que notas cuando sabes que has perdido del todo a esa persona. ¿Y qué me queda a partir de ahora? ¿voy a sentirme así siempre? ¿voy a llorarte cada madrugada a las dos y cincuenta y tres porque esa fue la hora y el minuto exacto en el que me dijiste por primera vez que me querías? no quiero esto, no quiero tener que recordar algo que sé que no volveré a tener, pero díselo a mi corazón. No quiero recordar esa manía tuya de negarme los besos y las rabietas que lograbas en mi por ello, recordar como me apoyaba en el cabecero de tu cama para no perderme ni uno de todos esos movimientos que hacías mientras dormías, ¿crees que iba a desaprovechar las noches? estás loco si crees que sí, que chico, me sabía de memoria hasta la distancia que había desde tus labios hasta ese punto en el cuello que te volvía loco, habían seis besos de distancia, seis besos que me separaban de perderme una noche más en tus gemidos y una noche más contigo, y una menos para perderte. Recordar que contigo se me iban las inseguridades, perdía los complejos, los miedos, la vergüenza, la ropa, el norte o el sur, ya ni lo recuerdo, recuérdamelo, va.

Atrévete a coger ese tren en el que tantas cosas vivimos sin quererlo y recuérdamelo, y ya que estás recuérdame también esa promesa de no fallarme, que tío, aquí últimamente los tíos te follan para luego fallarte como dijeron que no lo harían, no falla. Y no solo lloras porque te han fallado, sino también porque sabes que todas esas tantas noches no las olvidarás mientras que él quizás le cueste recordar cual eres de todas las chicas con las que ha estado. Y lo malo es que por las noches sigo sin poder dormir porque mis brazos te buscan en la oscuridad de la noche para perderse de nuevo en ti.

Pero eso no es lo peor, es mucho peor no que no pueda olvidarte sino que no quiera. Mi corazón se niega a renunciar encontrarte y he intentado convencerlo pero es que tampoco me sale, no me sale pasar página cuando yo soy la primera que busca recordarte en cualquier rincón para sentir que aún te tengo cuando ni siquiera estás.'


-Ann.