diumenge, 28 de juny del 2015

El olvido.


El olvido me ha dicho que no es nuestro momento, que me espere y que deje de buscarle porque en lo que refiere a ti, nunca voy a encontrarle. Parece que no quiere que te olvide, menudo hijo de puta, yo aquí deseando deshacerme de ti, aunque me duela, y él se burla de lo nuestro queriéndome hacer sufrir y hacerme recordar todas y cada una de las cosas que llegamos a vivir. Y no quiero, joder. No quiero que cada cosa que hago pueda recordarme a ti. No quiero que de la nada aparezca el olor de tu perfume o que alguien se ría casi de la misma forma que tú lo hacías. Y digo casi porque nadie sabe imitarte del todo, ni aunque lo intentaran. No quiero que ninguna canción me hable de ti, ni de mi ni nada de lo que vivimos. No quiero que unas sábanas me hagan añorar la cantidad de veces que llegamos a perdernos en ellas, tantas que hasta perdí la cuenta. No quiero que mis amigos me pregunten que cómo lo llevo o si he vuelto a saber de ti. No quiero ver ninguna de nuestras fotos ni tampoco tu cepillo de dientes en el lavabo. No quiero ver ninguna de tus cervezas en mi nevera ni tu letra en uno de los post-it que dejas en la encimera diciéndome cualquier chorrada bonita. No quiero ver tu calcetines dando vueltas por el suelo de mi habitación ni que te dejes tus llaves perdidas por algún rincón de mi casa para luego no volver a tu casa porque no las encuentras. No quiero encender la radio y encontrar tu emisora favorita cómo tampoco quiero que me llames para hacerme feliz un par de segundos y sentirme vacía cuando acabas de colgar.

No quiero nada de eso y sí, puede que hace unos meses me muriera de ganas de eso y más pero ahora no, no quiero pasarme la vida lamentándome por haberte perdido ni dedicar cada segundo a recordarte hasta que vuelvas porque sé sin duda alguna que una vez que alguien se va, ya le quedan pocos motivos para volver. Y sé que no te di suficientes motivos para quedarte aunque pensara que el quererte ya era suficiente. Así que por eso llamo constantemente al olvido para que me ayude a olvidarte pero ya ves, parece que quiere reírse de mi, cómo si ya no me hubieses dolido lo suficiente. Así que mientras él se niega a venir a mi y se niega a que te olvide, yo finjo olvidarte, finjo que no me dueles y finjo que se me ha olvidado lo que era quererte a ver si así llega el día en el que paso de fingir y ya empiezo a vivir, sin ti.

-Ann.

dimarts, 14 d’abril del 2015

Era mi música favorita aún sin ser canción.

Hace un frío de la hostia pero ya sabes que nunca se me ha dado bien encender la maldita chimenea, que por muchos troncos que le ponga la llama no se aviva de la misma forma que por mucho que te llore, no volverás. ¿Por dónde iba? Ah sí, que hace frío, me he tumbado en el sofá y me he tapado hasta arriba como siempre hacía pero me ha faltado tu abrazo para acabar de entrar en calor, es una lástima. E inevitablemente se me va la vista al reloj que colgaste en la pared y, ¿sabes qué? No he sido capaz de quitar la foto nuestra que pusiste justo al lado de el pero, ¿sabes qué es lo peor de todo? Que hace unas semanas quité la pila a ese reloj y dejé que marcara cinco minutos antes de las ocho, esos cinco minutos que me separaban de tu vuelta a casa después del trabajo. Lo miro y sé que hace una semanas en cinco minutos sonaría el timbre y serías tú, aún teniendo llaves esa era tu forma de decir "cariño, ya estoy en casa· y aunque fingía enfadarme porque interrumpías aquello que hacía, no podía evitar sonreír al verte. Llegabas y siempre me encontrabas preparándote la cena; venías, me abrazabas por detrás y siempre me dejabas un beso en mi hombro derecho, aún recuerdo las miles de veces que te decía "mi hombro izquierdo también te echa de menos", te reías y lo devorabas a besos haciendo imposible que me concentrara en algo salvo en ti. Apoyaba mis manos en las tuyas saboreando ese instante, disfrutando de mi lugar favorito. Te metías conmigo, me hacías reír para que se me pasara el enfado y te separabas de mi prometiendo a escasos centímetros de mi oído que te ibas pero que no me daría tiempo a echarte de menos. Aún recuerdo que volvías minutos después con tu supuesto pijama, y a pesar del frío ibas sin camiseta para hacerte el fuerte y esa era tu mejor excusa para que yo te abrazara. Me encantaba hasta tu forma tan peculiar de poner la mesa y sobre todo las miles de veces que mientras yo hacía la cena buscabas cualquier pretexto para acariciarme lo más mínimo sin saber la de miles de sonrisas fugaces que provocabas con ello. Si estuvieses aquí pondrías una de tus tantas excusas para no recoger la mesa pero sin duda alguna mi favorita siempre era: "acabo de llegar a casa después de un duro día y lo único que me apetece es tumbarme en el sofá con mi chica, ¿puedo?" Me mirarías con esa cara de no haber roto ni un puto plato en toda tu vida cuando a corazones no te ganaba nadie y lo peor de todo es que me convencías. 

Y así era cada noche, nos tumbábamos en el sofá después de haber hecho tu numerito con la chimenea mientras yo aprovechaba para observar cada mínimo detalle de ti temiendo que algún día solo fueras ceniza, solo fueras lo que queda de ti después de irte. Me abrazaba a ti y fingíamos ver la espantosa película que echaban en la televisión y recuerdo la de miles de finales felices que habíamos cambiado, ¿lo recuerdas tú? Me encantaba verte tan feliz y sé que tú lo dabas todo por hacerme reír. Recuerdo que una vez odiaste tanto un final porque decías que esas cosas solo pasaban en las películas, decías que tarde o temprano todo se acaba. Recuerdo que mataste a media familia y decías que no podía haber otro final alternativo mejor, recuerdo reír hasta llorar y haberte besado hasta cansarme y, muy en el fondo sé que eso es lo que habría pasado si siguieras aquí. Sé que no éramos partidarios de los finales felices y puede que esto no te lo haya dicho nunca pero si tenía que haber un final feliz deseaba que fuese contigo. 

Si estuvieras aquí -ojalá- te quedarías dormido conmigo en brazos y te despertaría con miles de besos para llevarte a la cama de la forma más dulce y, a veces, simplemente nos tirábamos la noche abrazados sin necesitar nada más, solo teniéndonos. Otras, por muy cansados que estuviésemos, me besabas hasta perdernos sin ni siquiera yo saber si a la mañana siguiente volvería a encontrarme de lo mucho que me perdí en ti durante las pasadas horas. Y al despertar lo harías con cuidado para no despertarme pero aún así nunca dejabas de susurrarme lo mucho que me querías antes de irte creyendo que dormía pero nunca lo hacía. El mejor momento del día era cuando me decías que me querías, era mi música favorita aún sin ser canción. 

Recuerdo, como verás, millones de cosas que por suerte o por desgracia- aún no lo sé- ya no tengo y me paso las noches mirando a ese maldito reloj que siempre me promete que en cinco minutos vendrás pero es mirar por la ventana y saber que ya son las tantas de la madrugada, saber que no vendrás a cambiar este final, que tendré que cambiarlo solo yo pero no sé ni quiero saber hacerlo. Así que aquí me tienes, con este maldito frío sin que haya nadie que me haga entrar en calor, sin que nadie me susurre lo mucho que me quiere y no es que necesite a alguien, te necesito a ti. A ti y a tus pequeñas manías que en otra persona habría odiado pero incluso tu forma de gritarme cuando nos enfadábamos me hacía feliz. Porque si me gritabas era porque al menos estabas aquí. Y lo mejor de todo era que aún habiendo soltado que nos odiábamos por culpa de nuestro enfado, llegaba la noche y me demostrabas todo lo contrario, me demostrabas a besos lo mucho que me querías y en segundos yo ya sabes que me perdía. Y ahora sigo igual, me pierdo en la noche mirando el maldito reloj o lo que puedo ver por culpa de las lágrimas, lo miro deseando que pase el tiempo pero no pasa porque no tiene la pila puesta, parece que me separen cinco minutos de ti aún haciendo meses que ya te has ido pero es que una parte de mi se niega a dejarte y, por eso no dejo que el tiempo pase creyendo que a la mínima sonará el timbre porque serás tú que has vuelto pero ni pasa el tiempo, ni pasas tú.

-Ann.

dimecres, 18 de març del 2015

Mi madre me decía...


Mi madre cuando era pequeña me dijo una vez que una persona como yo si se enamoraba iba a hacerlo de por vida pero en ese momento no la entendí, de hecho ni me preocupé por entenderla. Creía que el amor era otra invención de la sociedad que te hace creer que necesitas a alguien, que te hace creer que realmente hay alguien para ti para toda la vida y nunca le hice caso pero luego crecí y le conocí a él. Sentía que era esa persona con la que tenía que estar, me sentía feliz y era la primera vez en toda mi vida que alguien lograba hacerme sentir especial, cómo que todo valía la pena y que si tenía que hacer algo quería que fuese con él. Creía quererle para toda mi vida, de hecho lo hacía pero simplemente...se acabó. Me llevé la hostia de mi vida y en ese momento le lloré lo que nunca había llorado y me prometí por encima de todo no caer en la trampa de nadie y no volver a enamorarme pero, no pude. Volví a caer, volví a sentir eso por alguien y sentía que todo lo malo que había tenido hasta ahora había valido la pena si me pasaba toda mi vida sintiéndome tan feliz como me sentía con él. Me sentía que incluso yo valía la pena y sentía que todos aquellos días grises que había tenido hasta ahora tenían un poco de color gracias a él. Le quise como nunca había querido a alguien, sentía que en el estómago tenía un zoo entero, ni mariposas ni nada, todo un zoo pero, simplemente me llevé la hostia de mi vida de nuevo, como si no doliese, ¿sabes? Y en ese momento volví a llorar como nunca pero ésta vez no pude prometerme no enamorarme porque sabía que tarde o temprano volvería a hacerlo, en ese momento no estaba preparada para ello, de hecho sigo sin estarlo. Ni ahora, ni lo estaré nunca. Porque sí, puede que mi madre tuviese razón, puede que una persona como yo cuando quiere lo hace de verdad pero lo que nunca me contó es que de la misma forma que quieres a alguien también tienes que olvidarle. Y que te rompen, que aunque des tu corazón te lo pueden devolver roto, y eso nunca me lo contó. Y siento que no sé como olvidar, siento que no sé como arreglar esto tan roto que queda aquí. No sé y ni me importa hacerlo, no sé porqué pero prefiero seguir aquí queriéndole a ver si vuelve. Y si no lo hace, supongo que... no lo sé, es que pf... no lo sé... si no vuelve me sentiré más perdida de lo que ya me siento y no se lo deseo a nadie. Estoy harta de que la gente me haga creer que el amor es una mierda porque sé que no es así pero es que no llega ni una puta persona que me hace ver lo bonito que es. Siento que no hago más que darlo todo de mí y me lo devuelven así; me dejan sin fuerzas, me tiran al suelo y me pisotean mil veces como si no me doliese y por eso me da tanto miedo querer porque siento que van a romperme un poco más y, siento que ya no queda nada más de mi para romper y por eso hago como si no tuviese corazón porque si no tienes no te lo pueden romper y, eso es lo que he aprendido. Que sí, que puede ser muy bonito pero no veas lo que duele cuando dejan de quererte cuando tú sabes que él es a lo único que quieres.

-Ann.

diumenge, 8 de març del 2015

Bienvenida a mi vida.


"La miré fijamente porque llevaba más de cinco minutos callada, parecía que en su mente no dejaba de romperse poco a poco, yo muy en el fondo sabía y sentía que ella no podía más, que su sonrisa ya no era la de antes. Aparté unos segundos la mirada intentando no llorar por todo el caos que tenía yo encima, sin importar como me sentía yo me preparé mentalmente para ayudarla.

-¿Qué te pasa?- le pregunté sin mirarla.

-No me pasa nada.

-No soy tan tonta como para no darme cuenta de que no estás bien -le dije.

La miré de reojo y vi como le brillaban los ojos. 'Otra vez no' pensé. 

-No puedo más.

-¿Qué es lo que te pasa ahora?

-Siento que no puedo más, que tengo muchos problemas en casa, millones de exámenes, me he peleado con mi mejor amigo y con el chico del que te hablé, ¿sabes? -la miré y asentí- La cosa se ha acabado y siento que todo se me viene encima -la escuché sollozar y le puse una de mis manos en sus hombros- Siento que he cambiado, que ya no soy lo que era antes y que tengo miedos que antes no tenía -sentía que me brillaban los ojos- Soy una persona muy insegura cuando antes sabía muy bien lo que quería, quién era y lo mucho que valía.

-Date tiempo -le dije- Todo al fin y al cabo se arregla -la miré fijamente- El problema es la actitud que tienes delante del problema; si crees que no puedes, no podrás. Es cuestión de tiempo que todo tarde o temprano se arregle, ya verás -le sonreí- Lo único que no puede arreglarse es la muerte y para eso aún te queda mucho.

Asintió, se secó las lágrimas y nos quedamos en silencio.

-¿Y tú? -dijo.

-¿Yo qué?

-Si estás bien -me miró con una pequeña sonrisa.

-Sí, como siempre -aparté la mirada para que no viese lo brillante que estaba y lo poco que me quedaba para llorar." 

Y eso es lo que realmente pasa, lo mismo de siempre. Les dices que tarde o temprano todo les irá bien y aún viéndote apunto de llorar se creen ese puñetero estoy bien. Y no sé qué será de mí, no sé si llegará el día en el que cambien los papeles y...

"-¿Y tú? -dijo.

-¿Yo qué?

-Si estás bien -me miró con una pequeña sonrisa.

-No -la miro fijamente sintiendo como solo salen las primeras lágrimas sabiendo que aún quedan muchas- Pero supongo que eso siempre da igual, ¿no? -intenté no cabrearme pero ya era demasiado tarde- Siempre es lo mismo, os digo que todo está bien cuando se nota de lejos que nada va bien pero parece que nunca os ha importado, estáis tan metidas en vuestros problemas que nunca en la vida os planteáis si en mis silencios hay algo más que una simple pausa para pensar en lo mío -me sequé las lágrimas que seguían cayendo- Nada va bien en mi vida y siento que os importa bien poco, a ver, sé que no tenéis que arreglar mis problemas pero por esa regla tampoco tendría porque ayudaros con los vuestros y aún así lo hago porque os quiero -la miré- Llevo meses con toda esta mierda y sintiendo que no puedo más; he perdido a gente sin que os deis cuenta, he aguantado mierdas que no tengo por qué aguantar a mi edad, he soportado que me rompieran el corazón y pasado por situaciones que no deseo a nadie, ni a mi peor enemigo y tú como si nada llorándome cada día diciendo que no puedes más -la vi totalmente seria- Y ¿sabes qué? Me río por no llorar, dime por favor cuanto tiempo llevas sintiéndote insegura y con miedo, dime, ¿un par de meses? Y ahora si te da la gana pregúntame a mí cuanto tiempo llevo y te sorprenderás cuando te diga que llevo tantos años que ya he perdido la cuenta de las veces que he llorado por odiarme y no saber quererme- aparté la mirada, no sabía ni a donde mirar- Así que si realmente te crees que estoy como siempre y que eso significa que estoy bien, adelante pero no esperes que me preocupe más por tus silencios, por tus malas caras y por tus ojos brillantes apunto de llorar si nunca en la vida has sido capaz de ver cuando yo estoy mal sabiendo que yo a la mínima me doy cuenta y siempre he estado ahí para ti- sentía que no podía más- No esperes que me quede cuando ni tú ni nadie se queda ahí para mí, ojalá llegaras a saber la cantidad de veces que te he abrazado habiendo necesitado yo mucho más ese abrazo, no quieras saberlo porque entonces sabrías lo que es sentirse mal- cerré un segundo los ojos- Y tampoco quiero eso de la misma forma que no te deseo en la vida, nunca- la miré- Que te sientas tan perdida y sola como yo me siento todos los días de mi vida así que si te sientes así en estos momentos, solo puedo decirte una cosa -vi como se le caía una lágrima- Bienvenida a mi vida."

Pero eso no es lo que verdaderamente dices, ¿para qué? Te mirarían, se quedarían sin habla y simplemente te dirían, sonríe y, no, no estoy para esas gilipolleces. Supongo que a la larga me sale más a cuenta decir que estoy bien y esperar a que aparezca alguien que verdaderamente me pregunte que qué tal estoy porque realmente le importa y no para quedar bien como siento que mucha gente de mi vida hace. No me sale a cuenta, así que si quieres saber si estoy bien, sí, como siempre.

-Ann.


dimecres, 4 de març del 2015

Te quiero, estés allí o aquí...


Hoy va por ti, sí, por ti. 

Por toda aquella gente que conoces por Internet y que te da más que cualquier persona que puede verte todos los días. Hoy va por aquellas personas que saben si las cosas van bien o van mal tan solo con la forma en la que le hablas. Hoy va por ti y quería agradecerte las miles de palabras que me has dicho para hacer que me sienta mejor, las veces que te has quedado para secarme las lágrimas y las veces que has hecho que sonría con cualquier tontería. Siento que de las pocas cosas que valen en mi día a día son cuando hablo con vosotras, con tan solo una nota de voz, una foto, una palabra sabéis como hacerme sonreír. 

Nunca se me han dado bien las palabras pero no sabéis lo mucho que llegaría a dar por teneros día tras día en mi vida, por poder abrazaros cada mañana y poder deciros cada noche 'nos vemos mañana', lo que daría por poder estar a vuestro lado cada vez que no podéis más y lo que me gustaría poder partirle la cara a toda aquella gente que no se da cuenta lo mucho que valéis. Y aunque no puedo hacer nada de eso agradezco de corazón las pocas veces que he podido abrazaros, esos días llenos de risas que nunca olvidaré, esas tardes con nuestras gilipolleces, todo eso quiero agradecéroslo porque no deja de ser nuestro. Los días al bajarme del tren y encontrar a personitas que valoran mucho más uno de mis abrazos que toda aquella gente que tengo conmigo, abrazaros como si se acabara el mundo y que nos importe una mierda si la gente nos mira de tanto abrazo o de tanto reírnos, ¿acaso creen que para el poco tiempo que tenemos vamos a desaprovecharlo? Ni en broma. Solo me sale disfrutar con vosotras y ser yo, poder decir lo que pienso y ser como soy yo, reír sin parar y sentirme feliz porque con vosotras siento que lo tengo todo y que no me falta absolutamente nada más.

Así que hoy va por vosotras, ¿llevamos cuánto? Quizás tres años o más con alguna de vosotras que os tengo en mi vida y siento que son los mejores porque os tengo a vosotras en ella y quería agradeceros el aguantarme siempre y el reíros conmigo como lo hacemos, el hacerme feliz y agradeceros todas y cada una de las cosas que me habéis dado. Tengo una suerte tremenda de teneros y estoy segura de que esto va para largo porque es algo que merece la pena. Me río de la gente que dice que la gente de Internet no puede ser tu amiga, no saben de lo que hablan si no os conocen a vosotras, este tipo de amistad es precioso y duro. Precioso porque nunca en la vida había tenido total confianza con alguien así de la misma forma que tengo con vosotras, el poder contar todo lo que me de la gana sin miedo a qué dirán, y sentirse bien con esa persona porque sabes que te entiende. Y duro por no tenerla siempre pero una amistad así es de ese tipo de amistades por la que vale la pena luchar y cuidarla día tras día y que aunque  no hablemos cada día, siempre estáis en mi, en cada pequeña cosa que hago. Y no me importa que la gente me diga que no durará porque yo sé que sí y aunque no lo hiciese sé que nunca en la vida olvidaría a esas personas tan increíbles que tengo conmigo y aún menos todo lo bueno que me han hecho vivir.

Solo espero una cosa, espero que de aquí poco haya otra cuenta atrás y que pueda deciros 'nos vemos mañana' pero de momento lo único que me queda es cuidaros y manteneros en mi vida porque si no lo hago, la que sale perdiendo al perderos soy yo y no quiero ser tan gilipollas. Nos pasamos media vida queriendo encontrar a gente que nos entienda y un vez que la encuentras, no sé los demás, pero yo las cuido, como si mi vida dependiera de ello. Y si alguna vez se van, que espero que no, solo quiero que sepan que nadie ocupará su lugar porque una vez un día alguien me dijo que los amigos son la familia que escogemos y yo hace mucho tiempo que escogí a la mía, te escogí a ti para estar en ella durante toda mi vida. 

Te quiero, sin importar donde estés tú y donde esté yo. 

-Ann.


dimarts, 3 de març del 2015

¿Eres feliz?


¿Que si soy feliz? ¿De verdad? No, no cómo me gustaría.

Siento que cada mañana que me despierto va a ser otro día de mierda y realmente es muy jodido pensar así pero siento que haga lo que haga va a estar mal si viene de mí, voy a hacer algo que va a estropearme el día, meteré la pata como siempre e irse a dormir pensando así ya es bastante duro, me encierro cada noche en mi habitación llorándole a alguien o al mundo...no sé bien bien a quién porque siento que no puedo más y hacerlo durante todas las noches de tu vida, pesa, pesa mucho. Llega el punto en el que sientes que no puedes más y a veces me gustaría poder darle pausa al mundo o pedirle un tiempo muerto a la vida pero a ésta ni siquiera le importa que yo ya no pueda más... bueno a ésta ni a nadie. Siento que soy yo la que siempre tiene que quedarse así, la que tiene que escuchar, la que tiene que secar lágrimas, abrazar pero, ¿y a mí? ¿a mi no me escucha nadie? No sé, creo que incluso la persona que más escucha necesita ser escuchada en ocasiones, que le digan que todo va a ir bien aunque no sea verdad pero eso nunca pasa. Y a la gente no le importa venir a mí y contarme sus mierdas e irse sin preguntarme siquiera que qué tal estoy, pero eso a la larga puede conmigo, siento que tengo que soportar mi vida y la de mucha otra gente cuando ni siquiera sé qué hacer con la mía y ya no puedo, siento que no tengo suficiente fuerza y me siento sola aunque la gente me diga que no. Es que, joder, que incluso la gente que me prometió quedarse ha sido la primera que se ha ido y eso puede conmigo, todo puede conmigo. No digo que mis problemas sean los peores del mundo pero no salgo de uno que ya estoy en otro, no me da tiempo respirar, no me da tiempo coger fuerzas para continuar. Siento que nunca va a haber una buena racha en mi vida y eso me hunde más de lo que ya estoy y, hostia, me gustaría poder salir, poder seguir y poder intentar ser feliz pero...ahora no. Así que si me preguntas si soy feliz, no, todas las mañanas tengo que ponerme frente al espejo y decidir qué sonrisa ponerme hoy pero siento que ya me estoy quedando sin.

Así que feliz no soy, ¿que si me gustaría? Sí. 

¿Lo seré algún día? No lo sé, me gustaría poder decir que sí pero, ¿eso acaso le importa a alguien? ¿Le importa a alguien que sea feliz o no? Creo que no, ni siquiera se dan cuenta de las muchas veces que he necesitado un abrazo, de las muchas veces que he sentido que no podía más. Yo tengo que darme cuenta de todos y nadie se da cuenta de mí y eso es muy jodido. Mucho. Así que no os asustéis si os digo que no puedo más, no voy a rendirme claro que no pero incluso la persona con más fuerza, se rompe y...

Lo siento, yo ya estoy rota.

-Ann.

dimarts, 17 de febrer del 2015

Cuando se trata de ti nunca me voy.


Vuelvo al sitio en el que te escribí la carta de despedida, ¿la recuerdas? Vuelvo aquí como si no me doliera estar en él. No sé exactamente lo que te quiero decir ni por donde empezar, solo sé que de tantas veces que he leído esa carta ya me la sé de memoria, sé que en ella te digo adiós, te pido que te quedes pero sobre todo que seas feliz si encuentras a alguien a quién querer. Sé que en ella te dije adiós pero sé de sobras que ese ni de coña era mi adiós definitivo porque cada vez que te escribo es como volver a ti, como volver a saludarte y volver a quedarme un rato contigo. Y sé sin duda alguna que nunca en la vida podré decirte adiós del todo, sé que si alguien me habla de ti aun sin ser tú del quien hablan, me acordaré de ti, sé que habrá miles de cosas en este mundo que me recordarán que te conocí, que me enamoré como una estúpida, que te quise como nunca más voy a querer a nadie, que me quedé con las ganas de poder abrazarte y besarte, que me quedé con las ganas de saber lo que era tener a mi persona favorita entre mis brazos pero sobre todo nunca voy a saber lo que significa poder escuchar un te quiero tan sincero como el tuyo a apenas dos milímetros de mis labios, me quedé con las ganas de despedirme con un beso y tal vez con un 'hasta pronto', no me gusta decir adiós porque decirlo implica tener que olvidar y aún habiéndotelo dicho mil veces ni siquiera ha habido una de ellas en la que intento ni siquiera un poco olvidarte. No sé por donde se empieza a hacerlo pero sí sé como acaba, acaba siguiendo mi vida sin ti y aún no me siento preparada para ello. Siento que una parte de mi aún se empeña en esperarte porque cree que a la mínima me vas a echar tanto de menos que vas a volver a buscarme como otras veces hiciste pero pasan los días, las semanas y ya han llegado a pasar meses y no hay rastro de ti. Miro a mi alrededor y no has vuelto, no escucho tu voz ni tampoco tu risa en ninguna parte y si la oigo es solo mi imaginación que sigue haciendo eco de tu risa desde la última vez que la oí y, joder, hace tanto de eso que siento que me hundo. Que no paro de ir hacia bajo cuando me gustaría estar arriba, no paro de hundirme y seguir hundiéndome porque no te encuentro en ninguna parte y sé que aunque fuera a buscarte ya no te acordarías ni siquiera de quién soy ni de lo que un día te hice sentir porque si realmente me hubieses necesitado como prometías, nunca, jamás te habrías ido y lo sabes, no me digas que no porque sabes que es así. Eras de las pocas personas que siempre estaba ahí, que me hacían feliz y a las que le dí el poder de escucharme reír porque eras de las pocas personas que se quedaban a oírme llorar. Te quedabas para calmar mis miedos, para decirme cuatro tonterías que me hacían reír, me decías que me querías y se me iban todos los males, ¿acaso no recuerdas nada de eso? ¿no recuerdas las veces que estábamos en el teléfono y éramos felices? ¿no recuerdas aquella vez que te dije que te quería después de un largo suspiro y dijiste sin duda alguna que ese era el te quiero más sincero que habías recibido en toda tu puta vida? ¿no lo recuerdas? ¿no recuerdas el miedo que tenía yo de perderte y decías que no tenía ni cabeza ni pies tenerlo? ¿cómo que no? Mírame, lo tenía porque sabía que te irías y que llegaría el día en el que te tendría que decir adiós y llegó, te dije adiós por decir algo porque sabía desde el primer día en el que te perdí que nunca en la vida podría deshacerme de ti ni de tu recuerdo. Sabía que no habría ni un solo día en el que no pensase lo mucho que llegaba y llego a necesitarte. Es que, no sé, sigo aquí hecha una mierda porque no sé si después de éste adiós va a haber ningún 'hola' más y eso me mata por dentro, el no saber de ti, el no saber si seguirás recordándome como yo te recuerdo, si me seguirás escribiendo como te escribo y me mata el no saber si después de decirme adiós has hecho lo que todos hacen, olvidarme, dime, ¿acaso has olvidado a la mejor persona que decías haber conocido? Porque para mi parece que no ha pasado el tiempo, me dejaste un domingo y parece que solo es lunes por la mañana y que todo ha sido una pesadilla y que en un rato me llamarás pero miro al móvil y parece que no tengo cobertura o que tu has olvidado mi número para llamarme porque ya no sale tu nombre en la pantalla y en vez de ser septiembre que es cuando todo verdaderamente se acabó, ya ha llegado Febrero y de aquí poco daremos la bienvenida a marzo y, siento que el tiempo pasa menos yo, que tú ya no pasas por mi vida como la hacías antes pero que si alguien me pregunta que coño es lo que me pasa, siempre pensaré que me pasas tú. Que no puedo olvidarte, no hago más que recordarte, llorarte, pensarte, amarte; hago todo el arte que te pueda pasar por la cabeza menos olvidarte, parece que cuando se trata de ti eso no me va, así que no te creas ninguno de mis adiós porque cuando se trata de ti nunca me voy. 

-Ann.