dijous, 14 de maig del 2020

Nunca te me acabes.

Nunca pensé como algo podía llenarme tanto. Tus brazos alrededor de mi cuello cuando ni siquiera puedes estirarlos más de dos palmos y, fíjate tú, la capacidad que tienen para llenarme de vida. Tu cara a través de la puerta que me impide llegar a ti, tu risa como si lo entendieras todo y supieras que las cosas van a ir bien. Las miradas que nos echamos cuando sabes que haces algo mal, y te ríes como si fuese el mayor secreto del mundo y solo quieres que yo te lo guarde. Tus pasos que me acercan a ti y tu mirada reconociéndome después de tantos días sin verte y acabando con mis miedos de que no te acordaras de quién soy y cuánto te quiero. 

Esconderte detrás de tus manitas para luego sonreír y gritarme que por fin estoy aquí. Tus "no" cuando te digo que me voy, y tus peleas conmigo contra mis "sí" que me separan de ti. Tu sonrisa cuando ves que me acerco y tu manita diciéndome adiós cuando me alejo. 

Solo espero que pasen los años y me sigas mirando y sonriendo como si quisieras que aún te guarde todos tus secretos. Ojalá decir tu nombre y que todavía me dejes encontrarte detrás de esas manos mientras te escondes y, ojalá también, que sean siempre tus abrazos los que traigan tanta calma dentro de toda la tempestad que aquí dentro todavía me recorre. 

-Ann.

dimecres, 6 de maig del 2020

Recuerdos difuminados.

Siempre había oído que cuando quieres a alguien, tienes que dejarlo salir, a raudales y sin frenarlo. Lo que nunca me habían dicho es qué debía hacer con ese sentimiento cuando todo se acaba. Si ya de por sí es difícil explicar como te sientes cuando amas, lo es todavía más la devastación que se queda en ti cuando todo acaba. Cuando eso pasa sientes que todo se desmorona dentro y que hay algo que te pide salir y ni siquiera sabes como darle forma. Lloras, gritas, te quedas horas mirando por la ventana como si la última hora no hubiera pasado y lo peor de todo es que sigues amando. 

Porque lo peor de decir adiós es que tú te marchas pero en ti, todo se queda. Incluso los recuerdos difuminados de todo aquello que no llegaste a vivir pero sí soñabas. Lo único que con el tiempo acaban volviéndose borrosos, o como un papel arrugado perdido entre tantos en una caja en el desván de casa, que sabes que está pero no sabes dónde ni como estarán después de tanto tiempo. Porque lo peor de decir adiós es que no sabes como hacerle frente a lo que viene después: porque tienes que hacerle frente a la ausencia de llamadas y a los silencios que hay en ellas solo para que estés un rato más, desaparecen las miradas que hacen que lo entiendas todo y de las que siempre te quejabas, desaparece la forma en la que te ríes por algo que digo y por todo lo que me gustaría poder decirte y vivirte. 

Porque cuando pierdes te vuelves experta en llorar en silencio en un mundo que no para ni calla, y menos lo hará por ti y por sentir que te estás perdiendo y consumiendo poco a poco. 
Y es que siempre había oído que cuando quieres a alguien, tienes que dejarlo salir, lo que nunca he oído es como hacerle frente a todo lo que llega después de ti. 

-Ann. 

divendres, 1 de maig del 2020

Declaración de paz.

Estamos acostumbrados a que se declare la guerra con los destrozos que ésta conlleva y nunca somos capaces de declarar el amor así que hoy, desde mi libertad, me declaro como tuya. Y lo hago porque me gusta cuando usas el te quiero para declarar la paz en medio de nuestra propia guerra. Y me gusta todavía más cuando yo uso los "idiota" como excusa para no descubrirte que yo también lo hago, lo de quererte.

Me declaro como nuestras porque siempre vamos a sentirnos como casa y tú siempre me verás como vida en esa casa destruida en la que dices que vives. Lo que nunca sabrás, o quizás ahora un poco, es que aun en la intemperie, en medio de la peor catástrofe o incluso sin nada, el destrozo que llevas encima será mejor hogar que el de no tenerte. Y eso es porque contigo solo puedes encontrar mi verdadero yo y, ese... ese es mi verdadero problema. Porque llegas y sé que esto no va a volver a pasar, es cómo cuando tienes esa sensación en el estómago en el que sabes que es ahora o nunca, porque mañana ya no estará.

Y puede que no sepa qué va a ser de esto mañana pero, ¿sabes qué? No importa lo que venga, no importa que tengas miedo, ni tampoco que despierte cosas inexplicables, ni que a veces encontremos silencio cuando realmente pedimos a gritos un "quédate", no importan los espacios que tenga que dejar entre tú y yo porque al final, el camino acaba en el mismo lugar. Y acaba conmigo queriéndote aquí y allí. Acaba conmigo a las tres y cuarenta y cinco de la mañana escuchándote reír y acaba contigo mirándome callada como si delante tuvieras a lo mejor que la vida ha podido traerte. Y aunque eso a veces de un miedo de la hostia, aunque a veces no sepa ni siquiera cómo mirarte después de sentir como tú me miras, aunque a veces me de miedo no saber siquiera qué decirte para que sepas que estoy, lo único que puedo ofrecerte es abrirme en canal y que te encuentres en estas letras que ya no son mías, sino que también son tuyas.

Así que, sí, me declaro como tuya y entre estas palabras en las que soy pura y sencillamente yo, solo quiero que recuerdes que no hay mejor hogar que tú, aunque a veces ni siquiera tú te quieras habitar. 

-Ann.




diumenge, 19 d’abril del 2020

El bucle en el que vivo.

Eres un callejón sin salida que no me deja tomar otra dirección. Eres tú, que me invades con todas tus ganas y haces que no pueda ni quiera salir de ésta. Eres un quiero y puedo al mismo tiempo cuando, hace años, siempre pensaba que tener el primero no significaba conseguir el segundo. Eres tú, que vienes en formato canción y te pongo en bucle para que cuando acabes, vuelvas de nuevo y no pueda olvidarme de que estás. Eres los "quédate" a las cuatro de la mañana que se burlan del insomnio porque si estoy es por ti, no por él. Eres el silencio al otro lado del teléfono cuando me despido solo para retenerme un poco más. Eres la risa que siempre viene después al descubrir tus ganas de mí, de nosotros, de tenernos.

Eres el sonido del teléfono al colgar haciendo que me de cuenta que ya te echo de menos. Eres el frío que dejas al otro lado de mi cama porque todavía no estás. Eres los besos en los que ya te pienso. Eres quien encuentro en los abrazos que todavía, aun, no doy. Eres, en todos los sentidos que implica la propia palabra y con eso, yo también soy. 

-Ann.

dijous, 16 d’abril del 2020

Las cosas estarán bien.

Me gusta cuando me descubres canciones que te hacen pensar en mí pero hoy... hoy te hablo de esa canción que dices que habla de ti. De tus noches en medio de la oscuridad que no te dejan respirar, de las mil y una vueltas que das deseando poder desaparecer, de los nudos en la garganta que tanto intentas deshacer y por cada intento, siempre sientes que te ahoga un poco más. Me gusta cuando escribes sobre tus miedos intentando saber de donde vienen pero, al mismo tiempo, me da miedo verte con un bolígrafo y un papel porque sé que las cosas no están bien. 

Siempre dices que todo pasará, que después del abismo seguramente ya podrás volar. Lo que nunca me descubres es hacia dónde y si a mí me dejarás estar.

Me gusta cuando estás en todo tu estado natural, 
cuando me haces reír hasta llorar, 
cuando me miras como si fuese hogar.
cuando me cuidas cuando no puedo más.

Me gusta cuando me dejas estar,
que yo sé que todo pasará y que cuando por fin vueles
todo cuanto te hace daño se acabará. 

Y déjame decirte que por mucho que ella vuelva ésta vez, contigo, ya no podrá.

-Ann.



dimecres, 15 d’abril del 2020

Mañana no me sirve porque ahora ya estás.

Siempre parece que nos estamos quedando sin tiempo y cuando menos te lo esperas ya estoy despidiéndome de ti como si no llevase todo el día colgada de tu boca. Y yo, cómo no, solo sé utilizar la misma excusa de siempre: mañana volveré a estar aquí. Y a ti el mañana no te sirve, te sirve que ahora estoy y que en unas horas no sabes si ya me habré dado cuenta del desastre que eres. 

Tú y tu estúpida creencia de las catástrofes naturales cuando se trata de ti. Porque para hecatombe el que dejas en mi cada vez que te vas. Desastre, el que surge aquí dentro, en el centro de mi pecho, cuando te escucho reír. Y para catástrofe el que vivirá el mundo cuando pueda abrazarte, tocarte, sentirte y quererte. Porque no, porque aunque pasen los días, incluso las semanas no descubriré nada de ti que haga que pueda marcharme. Porque cuando se trata de ti, se trata de casa. Se trata del sitio al que siempre quiero volver. Se trata de no sentirme ni sentir que soy en ninguna otra parte en la que tú no estés. Porque estás y parece ridículo el simple hecho de pensar eso pero, estás y eso hace que yo vuelva a estar y que el mañana tampoco me sirva. Porque para mañana ya dejo mis miedos y para hoy, para hoy estoy repleta de ganas que desean encontrarse contigo desde ayer. Porque incluso ayer ya me parece tarde cuando se trata de que tú llegues y ya sabes que no soporto que me hagan esperar. 

Pero llegas, con tus miedos, con tus palabras silenciadas, con tu mirada que ahoga y puede hacer tambalearse a la persona más cuerda del mundo, y lo silencias todo. Haces que incluso durante unos segundos se detenga mi canción favorita y lo nublas todo con tu voz a las tres de la mañana pidiéndome que ésta vez tampoco me vaya. Que tan solo un poquito más. Y siempre mientes, porque yo sé que con ese poco nunca tendremos suficiente. Porque siempre voy a querer más; más de ti y de tus ganas de quedarte. Más de tu cabezonería y tu forma de cuidarme. Más de tus canciones sin sentido y de sentir que puedo encontrarme en ti, casi como si yo fuese como tú. 

Así que no, a mi el mañana tampoco me sirve cuando se trata de ti, y ¿sabes por qué? Porque aunque te declares desastre, yo, hoy, me lo declaro contigo. 


-Ann.



dijous, 10 d’octubre del 2019

Voy a llamarte.

He querido llamarte y me he quedado a medio intento de hacerlo porque ni siquiera sé si el número sigue siendo el mismo. He querido escribirte pero no recuerdo si eras más de cartas o de mensajes y lo único que he podido hacer ha sido borrar ese "te echo de menos" para acabar ahogándome en él. 

Y es que, no he podido parar de pensar en quién me habría cogido el teléfono, si tú, el que me llamaba solo a veces para decirme que me quería o, tú, el que a la mínima se acojonaba y no sabía si lo nuestro valía la pena. Probablemente habría preferido al primero aunque al segundo también lo aprendí a amar. Si te soy sincera, no me llega ni a importar lo más mínimo cuál de tus yo's me hubiese contestado porque mi mayor miedo habría sido que no recordases quién soy. Decirte mi nombre y preguntarte cuál de todas soy. La que llegó tímida sin saber si debía quedarse. La que te escribió palabras que nunca entendiste que eran para ti. La que se quedó con ganas de versarte y la que envió a la mierda los mil y un miedos que tuve cuando llegaste. Se me olvidaron todos porque lo que me aterrorizaba era perderte. Me prometí -a escondidas de ti- que nunca me permitiría dejarte marchar. Y nos fallé. Pero yo siento que tú fallaste primero. Te rendiste cuando las cosas se pusieron difíciles. Te rendiste a centímetros de abrazos que nos hubiesen llenado durante días sin importar lo lejos que estuvieras. Te superó el no tenernos y yo no podía seguir luchando por los dos, ya lo había intentado y a veces sentía que no eramos tu y yo contra el mundo, sino yo contra tus miedos.  

¿Sabes lo que más me costó? Lo más duro fue que cuando te marchabas admitiste por primera vez que alguien tan absurda como yo, te había calado hondo y que te habías enamorado de mí. Fue la despedida más dura y bonita que alguien me ha dado. Has sido la estación sin parada y te he visto pasando de largo a través del cristal. Te he visto sin poder decirte adiós. Y es que, tú, nunca miraste hacia atrás, como si no acabaras de perder a parte de ti ahí conmigo, justo donde me dejabas. 

Y es irónico pero estoy escribiendo esto justo en el lugar en el que todo se acabó. Esta soy yo intentando acostumbrarme al dolor que aun me queda después de tantos meses. Esta soy yo superando todo aquello que me alejó de ti. Pero aunque día tras día de pasos de gigante intentando alejarme de lo que hubo, hay noches en las que sigo echándote de menos y en donde pienso en llamarte pero si algún día lo hago, solo espero que me responda el buzón de voz o cualquier chica con la que estés, y esa será mi forma de saber que me toca seguir porque si llegas a responder tú, cualquiera de tus versiones, y la que se va a fallar entonces soy yo. 

-Ann.