dissabte, 23 de febrer del 2019

Florecer.

Antes entendía el amor como el que necesita a alguien. Lo entendía como algo que había que consumir hasta desgastar. Y desgastar conlleva a algo tan sencillo como el desaparecer.  

Antes entendía el amor como algo que ahogaba y comprendí que por eso el verbo amar contenía la palabra mar. Ese charco azul en el que te mantienes a flote o te hundes. Y yo, ilusa, concebía el amor como una constante lucha en la que mantenerse a flote sabiendo que en cualquier momento, una insignificante ola iba a acabar con todo el esfuerzo por llegar a tierra firme. 

Antes, concebí el amor -el primero- como la persona sin la que no podría vivir. Pero amar nunca es como esperas porque siempre hará lo que le dé la gana. El amor hoy fluye y mañana se descompone y tú, tú sigues respirando. Y es ahí donde te equivocabas porque claro que vives. Te quitas el antifaz que te habías puesto y vives. Deshaces los nudos que tenías a medio camino de romper llorando y vives. Te guardas los suspiros intentando esconderle al mundo que los sueltas por echar en falta y vives. Sales ahí fuera y vives odiando lo que significa el amor porque la ausencia de él te aprieta y te deja sin aliento. Te vacía de tal manera que te abre una brecha en el pecho. Pero vives.

Hoy, y después de haber vuelto a querer, concibo el amor como el que comparte y vuela. Y ya no necesita. Entiendo el amor como el encontrar a alguien y elegir caminar parte de tu vida a su lado aun sabiendo que podrías vivir perfectamente sin esa persona. Es alzar el vuelo en distintas direcciones y aun así siempre encontraros para reíros de los logros y las metas que hace un tiempo tanto miedo daban. Lo entiendo como un viaje en tren donde al final acabaran existiendo distintas paradas pero que disfrutareis al máximo cada minuto. Entiendo el amor como algo que me hace feliz y no me da miedo. Entiendo el amor como el encontrar un pedacito de ti en alguien y disfrutar de lo bien que encajáis. Hoy, por fin, comprendo que el amor no ahoga, ni aprieta, ni abre brechas en el pecho, ni deja marcas imborrables. Hoy entiendo que el amor solo deja recuerdos felices que a veces echarás en falta, no por la persona, sino por lo que significó para ti amar bien por primera vez en toda tu vida. Porque nunca entendí eso de querer bien, solo me importaba querer mucho y que también lo hicieran. 

Porque amar no ahoga, te hace florecer. Y yo, a partir de ahora, sólo quiero florecerte. 
 

dissabte, 26 de gener del 2019

Huecos.

He hecho planes con el hueco vacío que has dejado en mi cama. He dejado de cruzar semáforos en verde porque el riesgo de hacerlo cuando el mundo nos lo prohibía era jodidamente más emocionante, aunque siempre supe que era por ti. Ya no cierro la puerta con llave por si tu recuerdo decide volver y empezar a desnudarse por el pasillo para acabar perdiéndose de espaldas a mi ventana. 
La ausencia de tu toalla en el cuarto de baño se burla de las ganas que aún te tengo en la ducha. En la cama y en cualquier parte que estuvimos. Recuerdo que el mundo nunca fue capaz de entender donde empezabas tú y dónde terminaba yo.  

Barcelona me recuerda la de calles que quisimos recorrernos y las pocas que tuvieron oportunidad de vernos besándonos. Tu ciudad se muere de ganas por verme pasar aunque, hoy, todas aquellas ciudades que lucharon por mantenernos lejos, se ríen porque lo único que nos quedan son los recuerdos que, poco a poco, ni los reconozco. A veces incluso pienso que son solo sueños.

El café solo de las mañanas me recuerda que lo estoy. La taza sucia se ríe porque ésta vez no habrán unos brazos que me abrazarán por la espalda y que acabarán con las ganas que tenemos de nosotros. Ya no habrán carteles de "no molestar" en la puerta de cualquier hotel porque ya no nos queda lugar donde poder perdernos y encontrarnos en las manos del otro. 

Tengo las manos y toda la vida llena de ganas y no sé que hacer con ellas. Solo sé que hoy, cariño, he vuelto a hacer planes con la ausencia que me espera al otro lado del sofá y ya hace más de una hora que llegas tarde. 

Encontrarme y reconstruirme.

Has sido el abrazo que me ha dado fuerzas para volver a coger el bolígrafo y un papel. Has sido la persona que me ha enseñado que abrirse en canal en medio de un mundo que le acojona escuchar verdades, no está tan mal. 

Quizás necesitaba volver a verte en persona, abrazarte y escuchar palabras tuyas que vienen desde dentro para volver a escuchar aquella voz que hace meses había silenciado. Una parte de mí sentía que me había quedado sin historias que contar cuando, últimamente, aquí dentro tengo un mundo revolucionado que está harto de callarse. Harto de tener miedo y dejar de hacer lo que más me gusta: escribir, escribir y, si me queda un poco de tiempo, volver a escribir. 

Y es que, quiero contarte una historia que nunca nadie ha escuchado. Una historia de una chica perdida por la ciudad de Barcelona que siempre se ha sentido un poco diferente porque lo único que hacía en la vida era refugiarse en sus libros y, sobretodo, en aquellas letras que empezó a escribir cuando las cosas iban mal. Aquello fue una forma de poder hacer frente a todo lo malo que la vida le había traído y a sentirse un poco menos sola. Y es que se había pasado media vida siendo juzgada que, aquel montón de papeles esparcidos por toda su habitación, eran su maldito refugio que nunca se atrevería a mirarla por encima del hombro. En ese momento ella no sabía que escribiría sobre su primer amor, sobre las pérdidas a las que tendría que hacer frente, ni sobre cartas de despedida, ni de aquellos adiós que nunca acabas de pronunciar. Como tampoco creía que vendrían otros amores igual o más demoledores que el primero, no por amar sino por perder. 

Ella, simplemente, encontró que escribir era una forma de enseñarle al mundo lo que significaba para ella vivir. Era una forma de aprender y de dejar ir las cosas que dolían. Y es que, gracias a ello, entendió que amar -con todas las letras de la palabra- no ahoga. Aunque cuando ni siquiera sabes lo que significa sientes que te queda grande hacerlo. Entendió que hay personas fugaces, y que siempre serán aquellas que se irán antes de que te dé tiempo a disfrutarlas. Que hay adiós que nunca dirás del todo, que solo susurrarás hasta que seas capaz de entender que hay personas que ya no vuelven. 

Ella... tan solo soy yo y, si realmente llegas a leer esto estoy segura que estarás preguntándote que por qué te cuento esta historia pero es que, justamente ayer, me recordaste que me he dejado la parte más importante en todo esto. Dijiste que "si no te quieres, te aceptas y te ríes solo, todo se romperá cuando venga alguien y te haga reír". Me he pasado parte de mi vida aprendiendo a querer y con la absurda idea de reconstruir a personas que sentía que eran para mí, qué idiota te dirás. He dedicado palabras a personas sólo para que se quedaran un ratito más sin importar cuán destruida podía estar al sentir que estaba perdiendo de nuevo. Supongo que unas veces se gana y otras se pierde y, en todo este tiempo, me ha dado igual echarme a perder. Ni siquiera me he acercado ni una pizca a la idea de quererme ni reírme de mí y ahora lo he entendido todo: ¿de qué me sirve querer encontrar a alguien si ni siquiera sé como encontrarme? Sólo quiero que sepas que gracias a tus letras he vuelto a querer encontrar las mías y estoy volviendo a verme. Y es que gracias a ti creo que ya sé donde está el truco de todo esto y es que, la magia no reside en lo que te hacen sentir las personas que llegan o se van, la magia está en que a pesar de todo sepas quedarte, tú, contigo mismo. Siempre.

Gracias, Benji. 


divendres, 18 de maig del 2018

No es no.


Siempre he pensado que cuando dices las cosas en voz alta, éstas son más reales. Es como si dejaras ir al mundo algo que siempre permanecerá en él. Algo que pase el tiempo que pase, tendrá su hueco. Y creo que en cierta forma esa es una de las razones por las que escribo, porque esa es mi forma de decir las cosas en voz alta sin abrir la boca porque a veces me da miedo. Porque una vez que las cosas se dicen, ya no hay marcha atrás. Y tienes que estar preparado para lo que venga después, para todo aquello que va a poder destrozarte o... no sé, a veces me gusta pensar que quizás sirva para salvarte. 

Y hoy te escribo a ti mundo, contándotelo. 

El mundo se habrá hartado de la cantidad de veces que me habrá oído decirte que no. Y éste ni siquiera me ha dado una tregua en la que poder coger aire y sentir que vuelvo a poder con todo. 

Me dabas miedo y el mundo lo sabía. Yo solo sé que en ese momento la vida tenía que estar viendo una película de terror en la que ésta vez me había tocado a mi. Y ésta -la vida- no hizo nada para detenerte. Y mira que yo he siempre he sido de las que piensa que todo pasa por algo y en esos momentos nunca pasó nada. Solo tú. Tú y mis ganas de querer huir y no poder. Tú y mis "no" que nunca importaron. Tu y mis "detente" que nunca escuchaste. Porque a veces no importa cuantas veces digas no porque siempre parecerá que lo susurras cuando en realidad, solo lo gritas. 

Te detuve, siempre lo hacía. Pero probablemente el mundo no va a creerme. Nunca se nos cree. Nunca nadie creerá que la de veces que te pedí que pararas, era jodidamente proporcional a aquellas en las que nunca lo hiciste. Nunca. Para ti era una batalla ganada sin darte cuenta que delante de tus narices tenías a una vida destrozada. Rota y vacía. Y tú ni siquiera te dabas cuenta de que en esos instantes lo único que hacías era que una persona como yo perdiera las fuerzas y las ganas para seguir. Y lo hice, las perdí pero también conseguí seguir, me prometí hacerlo porque sino, ¿qué coño iba a quedarme? Recuerdo que al principio ni siquiera me reconocía. Me miraba y lo único en lo que podía pensar era en el asco que yo me daba y en el miedo que tenía por todo lo que podía venir después. Por todo lo que me esperaba vivir. 

Sentí que en esos momentos en los que parecía que todo había acabado, no significaba nada más que el comienzo de mi lucha por encontrar una forma en la que no me doliera tanto vivir. Quería que pasaran los días y olvidarme de toda la mierda que me echaste encima. Quería esconder en lo más profundo de mi alma todos y cada uno de los momentos que me hicieron tener miedo a sentir las caricias de alguien a quien quiero. Me jodiste la vida. Jodiste la vida a alguien que tenía todas las ganas de aprender a querer y de que la amaran. Hiciste que me diera miedo conocer a gente nueva porque, ¿y si iban a ser como tú? ¿Y si en este mundo había más personas como tú a las que le daba igual destrozar la vida de las personas? Por ti aprendí a vivir sumida en un miedo apabullante del que sentía que no podía salir. Un miedo que me paralizaba y con el que sólo podía preguntarme una y otra vez cuando iba a acabarse.

Y en esos momentos es verdad que creí que no lo iba a hacer nunca. Pero me prometí que escondería tan profundamente algo como eso que una parte de mi fingiria que no había pasado. Eso me ayudaba a que la vida me doliera menos. Eso hacía que tuviese un poco menos de miedo en arriesgarme a darlo todo por alguien que sí quería algo más de mí que no sólo yo, esa niña frágil a la que le hiciste sentir desnuda ante el mundo. Y ante ti. Porque una parte de mi albergaba la esperanza de que ahí fuera ibas a ser el único que hiciera esas atrocidades pero el tiempo pasa, el mundo parece que avanza pero en ocasiones damos tres o cuatro pasos hacia atrás. Y nunca se las cree. Jamás se hace.

Porque parece que siempre será culpa tuya. Será culpa mía. Por lo que haces, por lo que dices, por lo que vistes, por lo que miras. Y es que tengo la sensación de que nunca será culpa suya. Y es que el "no" parece que siempre significa "quizás". Cuando el "no" siempre significará "no". No, no es ni sí, ni mañana, ni puede, ni ahora. No es nunca. No, es un "déjame en paz". No, es un "detente ahora". No, es un "no me destroces la vida por algo que solo tú quieres". 

Porque nunca susurré un no, siempre lo grité. Y hoy todas gritamos porque estamos cansadas de ser valientes cuando lo único que queremos es ser libres y sentir que podemos vivir. Vivir sin miedo. Vivir sin que haya gente que tenga el poder en su mano de destrozarnos de un plumazo y en un segundo. Vivir sin importar qué hagas o dejes de hacer. Vivir sin que a nadie le importe que lo hacemos. Vivir sin que a nadie le importe que has sido capaz de seguir. Porque lo haces, porque sigues. Porque no hay otra, porque no tienes otra opción. Porque o empiezas a dar pasos de gigante dispuesta a comerte el mundo, o él acabará derribándote. Y déjame decirte que ya nos han destrozado demasiado como para que encima nos digan cómo debemos de vivir, para que nos marquen como se sigue después de esto. Como se sigue después del no que para otros significaron sí. Cómo se sigue sabiendo que estamos en un mundo que el "no" ya no sirve, que ya no le vale. Que ya ni importa. 

Así que, por favor, dale fuerza. Grítalo bien alto y cuéntalo. 

Cuéntalo. 
Cuéntalo. 

No tengas miedo. No tengas miedo a abrirte y sentirte pequeñita durante unos segundos porque detrás de todo esto, eres grande, eres valiente, eres fuerte. Así que, por favor, grítalo. Grita que para nosotras el "no" siempre significará "no". Ni ahora, ni después, ni nunca. Simple y llanamente no. 

diumenge, 4 de febrer del 2018

Heridas que pasan a ser guerras vencidas.

Han pasado ya unos años y aún hay días en los que todavía siento que me han quedado muchas cosas por decirte. Es como si quisiera o necesitara contarte parte de mi vida después de ti. Y te confesaré algo, me daba un miedo atroz que mi vida después de ti solo fuera eso, un después insignificante y vacío. Y desde entonces han pasado tantas pero tantas cosas y... no sé si lo recordarás pero hace un tiempo te escribí una carta en la que me despedía de ti, con la que intentaba decirte adiós para poder crecer y seguir. Buah, parece que hayan pasado muchos años desde entonces y, si te soy sincera, aunque la herida que dejaste está curada y cicatrizada, tengo la sensación según van pasando los meses que, depende de como me sienta, la noto ahí. Como si la vida me quisiera recordar lo importante que fuiste o la marca que dejaste en mí. Porque en la vida he sentido que me hayan querido tan bonito como entonces. Y no sólo por ti sino también por mí y eso, eso quiero agradecértelo. Porque parece que cuando alguien nos rompe el corazón todo son cosas malas y, no sé, sientes que si el mundo acabara en ese momento te haría un tremendo favor pero, con el paso del tiempo, al menos yo, intento sacarle cosas buenas a la vida, o a que te hayan roto el corazón. Y quiero que sepas algo, contigo aprendí lo que significa amar, aprendí como debo de tratarme a mí, a soñar a lo grande, a no rendirme y a no conformarme con nada. Me enseñaste a luchar y a no quedarme sentada esperando que la vida me trajera cosas buenas, que debía salir yo a buscarlas. Aprendí que no todos los que te quieren, se quedan... que a veces duele menos irse o al menos quieres creer que con el tiempo ya no dolerá. Me enseñaste lo bonita que era cuando durante años la gente no dejaba de repetirme que no era como debía ser, que me decían que hiciera lo que hiciera, nadie me iba a querer. Contigo comprendí que lo malo se supera aunque duela, y que de todo se sale, aunque no tengas ni fuerzas ni ganas. Me enseñaste lo que duele dejar ir pero todavía más lo que acojona no saber qué vendrá y si seguirá o no doliendo como hasta ahora. Comprendí lo que era amar con los ojos cerrados y encontrarte en otra persona sin necesidad de abrir la boca, me enseñaste que una persona caerá mil veces y que debe levantarse sola. Me enseñaste tantas cosas. Y en parte me acojona, me da miedo que una sola persona me haya enseñado tanto y tener que hacerle frente a todo esto yo sola. Me da miedo ver como me pasa la vida y sentir que no vuelvo a sentirme de esa forma. Porque déjame decirte algo, quiero que sepas que he querido mucho después de ti. He querido bien y me han querido mal. Me han roto de nuevo el corazón. Un par de veces cabe decir, ya sabes que yo nunca tengo suficiente y que el amor me acaba pasando factura. De las gordas y de las que duelen. Pero no sería yo si no me arriesgase a volver a intentar de nuevo, no sería yo si no creyese que ahí fuera hay cientos de personas que sepan querer como tú: de esas que sienten rápido, de las que lo dan todo aun a riesgo de no saber lo que vendrá. Y no me importa el tiempo que deba pasar porque seguiré buscando y esperando que todo llegue. A que aparezca alguien que me quiera tan bonito que ni siquiera importe si algún día duele. 

Y mientras eso pasa, sólo quiero darte las gracias. Y sobre todo, decirte adiós, pero adiós de verdad. Y sin te quieros de por medio, aunque hace unos años pensara que seria imposible decirte esto. Decirte que no te quiero y que estoy empezando a quererme. Que como tu un día dijiste, estás tan bonita cuando te quieres. Y te juro, que quiero sentirme la persona más bonita y encontrar la mejor versión que tú nunca volverás a ver pero que, gracias a ti, empezó a volar. Porque me encontraba sin alas y desde tu marcha me he alzado al vuelo dispuesta a todo lo que venga. Porque la gente tenía razón, hay vida después de ti y que ésta se prepare porque voy a volar por todo el tiempo que he perdido y, te juro, que nadie podrá impedir que lo haga, ni siquiera tú, ni siquiera tu herida, ni siquiera la vida. Y ni siquiera yo. 

Porque a partir de ahora, mi corazón roto pasará de ser una herida a ser una guerra en la que hace ya un tiempo que salí ganando.

dissabte, 4 de novembre del 2017

He estado buscándome y, que suerte, he dado conmigo.

Ha vuelto a irse y, duele.
He vuelto a perderme, y no me importa.

Parece que me encuentro en un callejón sin salida del que todo aquel que entra, sale. Menos yo. 
Parezco una estación de tren en la que constantemente llegan trenes, se quedan un par de segundos y vuelven a irse sin mirar atrás, sabiendo que quizás en algún momento vuelvan a estar ahí. Otro par de segundos sin importar aquello que se queda. 
Parezco un aeropuerto, en constantes despedidas. Lágrimas, abrazos, ausencias y frío, mucho frío. Algunos se van para no volver. Otros quizás lo harán pero tarde o temprano deberán partir. 

A veces me siento como una persona de paso, como el salvavidas que impide que te hundas, como el paño de lágrimas que una vez que seca, ya no importa. Parezco una parada en la vida de las personas donde depositar momentos infelices mientras me paso media vida deseando encontrar momentos, instantes de pura alegría y éxtasis sentimental, o felicidad. Llámalo como quieras. Parezco el anclaje de la vida de muchas personas que cuando están bien, yo ya no estoy. Ni para ellos ni para mí. El problema seguramente será mío, me paso los días intentando arreglar la vida de los demás creyendo que en algún momento ellos solucionarán la mía. Pero al final del día solo estoy yo. Soy lo único que me queda. Y a veces solo quiero aferrarme a la idea de que la gente me devolverá lo mismo que yo doy pero esperas y solo recibes eso. Espera.

Esperas hasta que vuelven a necesitarte de nuevo. Y estás. Bien o no pero estás.

Del mismo modo que en ese instante no importa como estés. Nunca lo hará. Y eso también duele. Ves como la gente se marcha después de dar parte de tu vida por ella y aun así crees que es por ti, por haberlo hecho mal. Por no dar ni ser lo suficientemente buena. 

Y no sé por qué te preocupas, volverán cuando sientan que no pueden. Cuando necesiten un hombro, un abrazo, un "todo irá bien". 

Pero aún así cuando eso sucede, cuando alguien se va. Duele. Pero, ¿sabéis qué? Yo he vuelto a perderme y hoy sí que me importa.

Me importa el ser yo para mí, el estar para mí. El ser mi propio salvavidas aunque a veces sea la misma que me hunde. Me importa más tenerme que no tenerte, aunque eso también me duela. Todo son heridas que con el tiempo te recordarán donde estuviste y dónde no quieres volver a estar.

Y lo siento pero hoy estoy segura de que no quiero tenerte más aquí, no quiero sentir que me necesitas cuando el mundo se te cae encima y olvidarme cuando sientes que no te hace falta más para ser feliz. No quiero tenerte así porque eso, eso no es tenerte ni es nada. Y aunque duela, da igual. Haré que no me importe, haré que con los días vaya a menos porque, déjame decirte algo, al irme de todo esto no soy yo la que acaba perdiendo, te lo aseguro. Así que basta de ser estaciones de tren, pausas para la vida de alguien, aeropuertos o cualquier otra mierda porque ésta vez soy yo la que coge ese avión para vivir el viaje de su vida. Esta vez soy yo la que se va y no va a volver. Y el destino: encontrarme. Y mientras eso pasa espero que, cuando te des cuenta de las cosas, quieras venir a decirme adiós y yo ya esté muy lejos de ahí, muy lejos de ti. Y lo haré sin mirar atrás, te lo aseguro.



Volví a perderte, y ya no me importa.
He estado buscándome y, que suerte, he dado conmigo.

dimecres, 19 d’abril del 2017

Frío de ausencia.

Llega el calor y tengo frío
de ausencia,
de ti.

Y tiemblo,
no por el frío sino
por las lágrimas que me sacuden
al sentir que
no
estás
aquí.

Es jodido, ¿verdad? Ves como pasan las horas y sientes que el mundo es capaz de seguir aunque a ti te hayan roto el corazón. Yo hace mucho que me di cuenta de que la vida nunca se va a detener por ti, no habrá pausas, ni vueltas atrás, ni podrás repetir aquello que en su día te hizo feliz. La vida pasa y las personas también lo hacen. Solo necesitas una milésima de segundo, tan imperceptible, y ya nada vuelve a ser lo que era. Por mucho que lo intentes, no te engañes, hazlo por ti.

Lo que suele pasar es que a veces llega un momento en tu vida en el que debes elegir entre aquello que te hace feliz y entre lo que crees que es mejor para ti y no, no siempre es lo mismo. No intentes pensar lo contrario, no llegarás a nada. ¿Nunca os habéis encontrado en un momento de vuestra vida en el que debéis decidir ser infelices con la ausencia de alguien solo porque los recuerdos que os quedan no os van a devolver a la persona que tú sabes que necesitas y ya no está? Es difícil.

Ojalá, ojalá no tuviéramos que hacerlo,
ojalá no nos viéramos obligados a irnos,
a partir
a dejar
de
existir.

¿Nunca os habéis parado a pensar la cantidad de "nosotros" que se habrán perdido por el camino? O la cantidad de veces que no se habrá cuidado a alguien justo cuando lo teníamos ahí, creyendo que nunca se iría. Pero...¿lo ves junto a ti? Solo hay ganas y ausencia. Dicen, o al menos lo he escuchado por ahí, que irá a menos. Y que los recuerdos se reducirán a polvo que se podrá soplar de la misma forma que las llamas acaban siendo ceniza, como aquel cigarro que se consume y como aquel río que al fin muere. Supongo que todo acaba, es cosa de la vida. Y del tiempo.  Porque me he dado cuenta de que, al fin y al cabo, no importa la cantidad de ganas que le pongas a algo ya que habrá veces que será como darse una hostia contra un muro de hormigón. Una y otra vez, y otra, y otra. Contra más te la das parece que menos duele, quizás porque ya te has acostumbrado al golpe o porque siempre sabes que, por mucho que tarde, acabarás en el mismo sitio en el que empezaste.

Sola y destrozada.

Y con el mismo discurso detrás, siempre.

"Siento que no te merezco y,
deberías encontrar a alguien mejor
Quererte y..."

Joder.

Cómo se supone que debo sentirme cuando día a día intento quererme y aparece alguien que hace que me olvide hasta de mí. ¿Cómo? Siempre intento ser suficiente, darlo todo de mí para luego recibir siempre un "mereces a alguien mejor" Mejor que qué. ¿Para quién? Estoy cansada de que la gente decida por mí lo que merezco y lo que no, lo que me debe de hacer feliz o lo que debo hacer con mi vida. Me he cansado de dejar los miedos e inseguridades atrás porque cada vez que lo he hecho, cada vez que mis ganas de intentarlo eran superiores a mis miedos, he acabado perdiendo.

Y ésta, ésta vez no es de esas veces en las que también se gana. Se pierden las ganas de todo. Literalmente.

Te sientes vacía,
fría,
perdida.

Es una de esas veces en las que dudas poder volver a encontrarte.
En las que te miras y no te reconoces.
En las que te preguntas qué coño hacías con tu vida antes de esa persona. Y no, no lo recuerdas. Nunca.

Y al final sabes una sola cosa, quizás no sabrás cuando dejará de doler -si es que lo hace-, ni cuanto tiempo necesitarás para volver a ser la que eras -si recuerdas quién eras antes de romperte de nuevo-, tampoco sabes si serás capaz de arriesgarte en la vida por miedo a que acabes sintiéndote de nuevo así. Y lo único que sabes es que te has dado cuenta de que, antes de aquella persona, solo sobrevivías. Que al fin y al cabo lo que ocurre, ¿sabéis que es? Que acabamos sintiendo que aquella persona que te da la vida, si se va, te la quita.

-Ann.