dimarts, 15 de setembre del 2015

Echarte te menos y escribir para tenerte.

Palabras que nunca te dije y que un día escribí:

"Conocí, en ésta vida o quizás en otra, al aprendiz de Neruda. Nunca podré llegar ni a escribir la mitad de bien que él llegaba a hacerlo, ni aunque lo intente. Escribía de tal manera que te enganchabas a ello, de la misma forma que un adicto se engancha a la coca y no puede dejarla. Yo tampoco podía. Él, podía contarte mil historias en versos que describían todas y cada una de las espinas que se te clavan cuando te enamoras y ese amor, te abandona. Podía hablarte de sueños e insomnes que lo eran por musas con las que un día soñaron y que al final simplemente se esfumaron. Y yo hoy le intento llegar a la suela de los zapatos y le escribo pero no a él, hoy, a la luna, para decirle que le susurre que vuelva, que le diga que no sea uno de aquellos que ya no lucha por miedo. Le escribo a ella y quizás a ti con la esperanza de que lo leas y te des cuenta de que no hay nada más bonito que un amor cuando florece y vive y no aquel desamor del que tanto escribimos. Y qué bonito florecer parecía tener el nuestro pero, no, no florecía, esa flor que simbolizaba nuestro amor acabó marchita por no saber cuidarla y te admito- desde aquí- que es una pena y, una vez alguien me dijo que cuando yo sonreía se me formaban unos hoyuelos preciosos que hacían florecer todas y cada una de las flores de nuestra amada Primavera y desde que te has ido ha desaparecido, he dejado mi sonrisa por el camino y he dejado, también, la Primavera incompleta por falta de sonrisas y eso, eso sí que es una verdadera pena. Y, ¿sabes qué? desde que Neruda dejó de escribirme parece que las heridas que tenía antes de engancharme a él y a leerle, vuelven a abrirse como si quisieran recordarme lo sola que me he quedado y la falta que me hacía -y hace- un buen escritor como lo era él. Y yo, como una loca como a veces me llamabas, te escribo como si fueses alcohol puro para mis heridas y me curaras todas y cada una de ellas con las palabras que un día me dijiste. Y aquí me tienes, a las tantas de la madrugada y no sé ni qué hago aquí, parece que solo hago que escribirte un pedacito de mi o de ti y, ya no sé si la musa que un día fui sigue inspirándote a escribir o si en cambio ahora te quita las ganas de vivir como a veces me las quita a mi.

Y te diré, con total sinceridad, que hoy he vuelto a leerte- después de mucho tiempo- mientras Ludovico sonaba de fondo. Nuestro amado y preciado Ludovico. No he podido evitar leer aquellas palabras que un día me dedicaste, recuerdo que dijiste que yo era de esas chicas que todos miran, admiran e idolatran, pero que muy pocos entienden. De la que escribe mucho del pasado para hacer ver que lo ha superado. De las que rompen poco, excepto a ella misma. De las que sienten rápido y olvidan lento. Y no te equivocabas, te recordaba a una leona pero incluso ella tiene sus momentos de debilidad y pierde la fuerza y yo hace mucho que ya la perdí. Te perdí y la perdí. Y ya no sé cómo seguir, eras como una de esas adicciones que aunque quieras, no las superas. Y te juro por encima de todo que lo he intentado pero, ya ves, aquí me tienes, escribiéndote de nuevo como si algún día lo hubiese dejado de hacer. El tiempo pasa, llega Febrero y tengo miedo de que sigan pasando los días y tú no estés en ellos. Llegará Mayo y parece que lloveré con él. Cuántas lágrimas soltaremos, agua de mayo, o no, también agua de mi. De mi sin ti. Parece que todo se vuelve gris y lo odio en todos sus matices porque tú me dabas color en todos los sentidos. No sé qué más decirte porque quizás para ti todo esto no tiene ni sentido, ni siquiera sé lo que estoy haciendo, parece que te quiero de vuelta porque no es tan fácil dejar ir a la única y última estrella de esta galaxia encontrada que encontré en ti mientras observaba a nuestra amada Luna en esas noches que nos teníamos. No puedo dejar a esa estrella, no tan fácilmente, no puedo y menos cuando fue la primera que tuve entre mis manos y me hizo tan feliz. Tonterías mías supongo; no creo que ni haga falta que te diga quién soy porque ya lo sabrás; conoces bien a la que fue tu musa aunque ya dejó de serlo y no sé a qué he venido; solo sé que he cogido un bolígrafo y un papel y he empezado a escribir y, aunque no lo entiendas, toda esta mierda que te he escrito viene siendo lo mismo que un 'vuelve' porque eso es lo que realmente necesito."

-Ann.

Así soy yo.

Mucha gente a veces de la nada me ha dicho "cuéntame cosas sobre ti" y todavía se me queda la misma cara de tonta al no saber por dónde empezar ni qué decir. 

¿Por donde empiezo? Soy una soñadora nata, que se imagina los planes más imposibles y que una parte de mi lucha por hacerlos realidad y a su misma vez, soy esa chica que a veces le apetece una buena tarde de sofá, manta y series y dejar lo de luchar por algo para mañana. Esa chica que cuando se le mete algo entre ceja y ceja no para hasta conseguirlo y tenerlo, esa misma que a veces el miedo la frena a vivir, a hacer lo que le apetece pero que otras veces piensa, ¿y por qué no arriesgarse? Si ya he perdido muchas cosas en ésta vida, ¿qué más puedo perder? Soy la persona más cabezona del mundo y aunque me digas que no, yo siempre te diré que sí por el simple placer que me da discutir con alguien y acabar riendo por mi estúpida tozudez. Me gusta lo imposible, lo improbable y por lo tanto, poco probable; siempre querré hacer aquello que la gente ni se atreve y lo haré aunque haya lo posibilidad de caer, caeré en ese precipicio con los ojos cerrados y con impulso si eso es lo que verdaderamente quiero y lo que realmente me hace feliz. Me gusta fijarme en los pequeños detalles; aquellos que ni la gente ve; como esa forma que tienes de apartarte el pelo de la cara o lo mucho que frunces el ceño cuando algo no te gusta; esos pequeños detalles que la gente no suele ver porque está demasiado preocupado en sí mismo. Me gusta demostrar, día tras día, lo mucho que quiero a la gente que quiero aunque también soy de esas que, si pasas por mi vida, siempre te recordaré aunque salgas de ella. 

Soy esa persona que siempre cae y aunque a veces pierda las fuerzas y se quede ahí tirada, siempre acabo levantándome aún sabiendo que a los pocos segundos de estar de pie, es cuestión de tiempo volver a estar abajo. Me gusta disfrutar de cada pequeño momento como si fuese el último y decirle a aquella gente que tengo conmigo, te quiero, todos los días de mi vida. Me gustan los abrazos, sin venir a cuento, aquel tipo de abrazos que parece que te curan y que te dan un poco de vida. 

Soy esa clase de persona que se muerde las uñas nerviosa o que no deja de tocarse el pelo pero que luego parece la más tranquila de todas, esa chica vergonzosa que le cuesta hasta pedirte la hora pero que al fin y al cabo echa un par de huevos si no le queda más remedio. Esa que lucha contra cualquier adversidad y que no se rinde fácilmente, la que a veces llora cuando ve que las cosas no salen bien o que no tiene lo que necesita pero la misma que luego sonríe a pesar de todo lo malo que puede venirle. Aquella chica que mira siempre por todos menos por sí misma porque cree que la felicidad o la sonrisa de una persona, le basta para sentirse un poco mejor. Soy esa clase de persona que tiene muchos miedos, muchas inseguridades y muchos complejos que finge no tenerlos y parece que se le da de puta madre pero lo hace porque cree que, al fin y al cabo, de tanto fingir se lo acabará creyendo y se acabará queriendo.

Ese tipo de chica que no se quiere pero que lo intenta, siempre lo intenta porque cree que la vida se basa en eso; en intentar, seguir intentándolo aunque salga mal, caer, llorar y todo lo que te dé la gana pero intentarlo hasta conseguirlo.

Soy quién dice que no va a ilusionarse nunca más y al segundo siguiente ya lo está haciendo y esa sonrisa de tonta lo demuestra porque a pesar de las hostias que me de la vida, siempre querré intentarlo una vez más para ver si ésa será distinta porque sí, joder, ¿quién me dice que no va a salir bien? Y a pesar de ser una negativa de mierda o quizás realista, no sé, me gusta creer que todo aquello en lo que creo y sueño, puedo tenerlo si lucho por ello. Así que a pesar de todas las inseguridades y de todas las cosas malas que tengo, nunca me rindo porque no quiero que pase el tiempo y darme cuenta de que lo que he vivido, no era lo que quería, lo que sentía o lo que necesitaba.

Quiero cambiar, quiero crecer y quiero seguir siendo yo; esa chica con sus pequeñas manías que la hacen un poco especial aunque a veces no sea capaz de verlo. 

-Ann.

divendres, 11 de setembre del 2015

No quiero perderme aún sabiendo que ya lo estoy.

¿Recuerdas lo fuerte que era cuando se trataba de nosotros? ¿Recuerdas que a pesar de ser una insegura de mierda sacaba las ganas de luchar de donde no las había? Pues cariño, creo que esa fuerza se fue contigo el mismo día que decidiste irte porque sino no encuentro otra explicación. 

Verás... nada va bien, ¿sabes? Supongo que como a todos, un día malo lo puede tener cualquiera pero, ¿tantos? Y no es que me guste sentirme así pero no sé cómo salir de ésta mierda. Cariño nada va bien aquí. Nada. Me levanto y no hay día en el que no me sienta sola; sigo con mi vida, salgo, disfruto, me río, me... todo. Pero he llegado al punto en el que me he dado cuenta de que no dejo de fingir, que realmente no me siento con ganas de reír y aún así lo hago pero, no sé si soy yo, mucha gente me ha dicho que cuando sonrío mis ojos ya no lo hacen y, joder, lo sé. Sé que no lo hacen porque no dejo que lo hagan, porque ahora mismo no me siento feliz. Y eso hace que recuerde algo, alguien -algún día- dijo que los ojos son el espejo del alma y creo -sin duda alguna- que si me miras verás lo rota que me siento (o que estoy). 

Y no es que sienta que el mundo se me viene encima sino que el mundo ya ha caído y ha destrozado todo a su paso. Y te cuento esto porque ya no puedo más; no dejan de haber problemas en casa -como en todas supongo-, no dejo de perder a gente que para mi es importante pero ya veo que yo para ellos no, la gente se distancia y aún no entiendo el por qué, me dejan así sin más o ni siquiera luchan por mantenerme con ellos, siento que soy invisible a los ojos de todo el mundo cuando luego soy la primera en estar ahí para todos (aunque digan que están bien o que no pasa nada), siempre estoy ahí. Siento que todo lo que quería hacer a lo largo de mi vida me está saliendo mal o que quizás nunca llegará a pasar. Y es que cuando viene algo bueno en mi vida ni lo disfruto porque no paro de preguntarme hasta cuando me durará, sé que poco. Y sí, me siento sola aún sabiendo que no lo estoy y creo que eso es lo peor de todo; tener a gente y aún así sentir que no tienes a nadie, sentir esas ganas irrefrenables de llorar a todas horas y no querer salir de la cama, ¿para qué? ¿acaso me espera algo bueno? Eso me pregunto todos los días. 

Y he llegado hasta el punto de no poder más, de no querer sonreír porque no me apetece, de sentir que me falta algo o alguien, quizás yo o quizás tú, no lo sé pero si te digo la verdad creo que dentro de todo lo malo que estoy viviendo, el no tenerte es el menor de mis problemas. Porque, cariño, el tiempo pasa y sé que no voy a tenerte, que quizás las cosas no mejorarán o puede que sí, no sé pero sé que no voy a tenerte y lo que de verdad me acojona es que pase el tiempo y no saber si me tendré a mi, si quedará algo de mi o si seguirá esto igual de roto que lo está ahora pero sé que si volvieras y me miraras, no reconocerías a quien dejaste aquí; de hecho ni yo lo hago... sinceramente no sé ni lo que quiero, ni lo que soy ni lo que busco; solo espero llegar a encontrarme y no perderme de la misma forma que te perdí a ti, que pierdo a todos (incluso a mi). 

-Ann.

diumenge, 28 de juny del 2015

El olvido.


El olvido me ha dicho que no es nuestro momento, que me espere y que deje de buscarle porque en lo que refiere a ti, nunca voy a encontrarle. Parece que no quiere que te olvide, menudo hijo de puta, yo aquí deseando deshacerme de ti, aunque me duela, y él se burla de lo nuestro queriéndome hacer sufrir y hacerme recordar todas y cada una de las cosas que llegamos a vivir. Y no quiero, joder. No quiero que cada cosa que hago pueda recordarme a ti. No quiero que de la nada aparezca el olor de tu perfume o que alguien se ría casi de la misma forma que tú lo hacías. Y digo casi porque nadie sabe imitarte del todo, ni aunque lo intentaran. No quiero que ninguna canción me hable de ti, ni de mi ni nada de lo que vivimos. No quiero que unas sábanas me hagan añorar la cantidad de veces que llegamos a perdernos en ellas, tantas que hasta perdí la cuenta. No quiero que mis amigos me pregunten que cómo lo llevo o si he vuelto a saber de ti. No quiero ver ninguna de nuestras fotos ni tampoco tu cepillo de dientes en el lavabo. No quiero ver ninguna de tus cervezas en mi nevera ni tu letra en uno de los post-it que dejas en la encimera diciéndome cualquier chorrada bonita. No quiero ver tu calcetines dando vueltas por el suelo de mi habitación ni que te dejes tus llaves perdidas por algún rincón de mi casa para luego no volver a tu casa porque no las encuentras. No quiero encender la radio y encontrar tu emisora favorita cómo tampoco quiero que me llames para hacerme feliz un par de segundos y sentirme vacía cuando acabas de colgar.

No quiero nada de eso y sí, puede que hace unos meses me muriera de ganas de eso y más pero ahora no, no quiero pasarme la vida lamentándome por haberte perdido ni dedicar cada segundo a recordarte hasta que vuelvas porque sé sin duda alguna que una vez que alguien se va, ya le quedan pocos motivos para volver. Y sé que no te di suficientes motivos para quedarte aunque pensara que el quererte ya era suficiente. Así que por eso llamo constantemente al olvido para que me ayude a olvidarte pero ya ves, parece que quiere reírse de mi, cómo si ya no me hubieses dolido lo suficiente. Así que mientras él se niega a venir a mi y se niega a que te olvide, yo finjo olvidarte, finjo que no me dueles y finjo que se me ha olvidado lo que era quererte a ver si así llega el día en el que paso de fingir y ya empiezo a vivir, sin ti.

-Ann.

dimarts, 14 d’abril del 2015

Era mi música favorita aún sin ser canción.

Hace un frío de la hostia pero ya sabes que nunca se me ha dado bien encender la maldita chimenea, que por muchos troncos que le ponga la llama no se aviva de la misma forma que por mucho que te llore, no volverás. ¿Por dónde iba? Ah sí, que hace frío, me he tumbado en el sofá y me he tapado hasta arriba como siempre hacía pero me ha faltado tu abrazo para acabar de entrar en calor, es una lástima. E inevitablemente se me va la vista al reloj que colgaste en la pared y, ¿sabes qué? No he sido capaz de quitar la foto nuestra que pusiste justo al lado de el pero, ¿sabes qué es lo peor de todo? Que hace unas semanas quité la pila a ese reloj y dejé que marcara cinco minutos antes de las ocho, esos cinco minutos que me separaban de tu vuelta a casa después del trabajo. Lo miro y sé que hace una semanas en cinco minutos sonaría el timbre y serías tú, aún teniendo llaves esa era tu forma de decir "cariño, ya estoy en casa· y aunque fingía enfadarme porque interrumpías aquello que hacía, no podía evitar sonreír al verte. Llegabas y siempre me encontrabas preparándote la cena; venías, me abrazabas por detrás y siempre me dejabas un beso en mi hombro derecho, aún recuerdo las miles de veces que te decía "mi hombro izquierdo también te echa de menos", te reías y lo devorabas a besos haciendo imposible que me concentrara en algo salvo en ti. Apoyaba mis manos en las tuyas saboreando ese instante, disfrutando de mi lugar favorito. Te metías conmigo, me hacías reír para que se me pasara el enfado y te separabas de mi prometiendo a escasos centímetros de mi oído que te ibas pero que no me daría tiempo a echarte de menos. Aún recuerdo que volvías minutos después con tu supuesto pijama, y a pesar del frío ibas sin camiseta para hacerte el fuerte y esa era tu mejor excusa para que yo te abrazara. Me encantaba hasta tu forma tan peculiar de poner la mesa y sobre todo las miles de veces que mientras yo hacía la cena buscabas cualquier pretexto para acariciarme lo más mínimo sin saber la de miles de sonrisas fugaces que provocabas con ello. Si estuvieses aquí pondrías una de tus tantas excusas para no recoger la mesa pero sin duda alguna mi favorita siempre era: "acabo de llegar a casa después de un duro día y lo único que me apetece es tumbarme en el sofá con mi chica, ¿puedo?" Me mirarías con esa cara de no haber roto ni un puto plato en toda tu vida cuando a corazones no te ganaba nadie y lo peor de todo es que me convencías. 

Y así era cada noche, nos tumbábamos en el sofá después de haber hecho tu numerito con la chimenea mientras yo aprovechaba para observar cada mínimo detalle de ti temiendo que algún día solo fueras ceniza, solo fueras lo que queda de ti después de irte. Me abrazaba a ti y fingíamos ver la espantosa película que echaban en la televisión y recuerdo la de miles de finales felices que habíamos cambiado, ¿lo recuerdas tú? Me encantaba verte tan feliz y sé que tú lo dabas todo por hacerme reír. Recuerdo que una vez odiaste tanto un final porque decías que esas cosas solo pasaban en las películas, decías que tarde o temprano todo se acaba. Recuerdo que mataste a media familia y decías que no podía haber otro final alternativo mejor, recuerdo reír hasta llorar y haberte besado hasta cansarme y, muy en el fondo sé que eso es lo que habría pasado si siguieras aquí. Sé que no éramos partidarios de los finales felices y puede que esto no te lo haya dicho nunca pero si tenía que haber un final feliz deseaba que fuese contigo. 

Si estuvieras aquí -ojalá- te quedarías dormido conmigo en brazos y te despertaría con miles de besos para llevarte a la cama de la forma más dulce y, a veces, simplemente nos tirábamos la noche abrazados sin necesitar nada más, solo teniéndonos. Otras, por muy cansados que estuviésemos, me besabas hasta perdernos sin ni siquiera yo saber si a la mañana siguiente volvería a encontrarme de lo mucho que me perdí en ti durante las pasadas horas. Y al despertar lo harías con cuidado para no despertarme pero aún así nunca dejabas de susurrarme lo mucho que me querías antes de irte creyendo que dormía pero nunca lo hacía. El mejor momento del día era cuando me decías que me querías, era mi música favorita aún sin ser canción. 

Recuerdo, como verás, millones de cosas que por suerte o por desgracia- aún no lo sé- ya no tengo y me paso las noches mirando a ese maldito reloj que siempre me promete que en cinco minutos vendrás pero es mirar por la ventana y saber que ya son las tantas de la madrugada, saber que no vendrás a cambiar este final, que tendré que cambiarlo solo yo pero no sé ni quiero saber hacerlo. Así que aquí me tienes, con este maldito frío sin que haya nadie que me haga entrar en calor, sin que nadie me susurre lo mucho que me quiere y no es que necesite a alguien, te necesito a ti. A ti y a tus pequeñas manías que en otra persona habría odiado pero incluso tu forma de gritarme cuando nos enfadábamos me hacía feliz. Porque si me gritabas era porque al menos estabas aquí. Y lo mejor de todo era que aún habiendo soltado que nos odiábamos por culpa de nuestro enfado, llegaba la noche y me demostrabas todo lo contrario, me demostrabas a besos lo mucho que me querías y en segundos yo ya sabes que me perdía. Y ahora sigo igual, me pierdo en la noche mirando el maldito reloj o lo que puedo ver por culpa de las lágrimas, lo miro deseando que pase el tiempo pero no pasa porque no tiene la pila puesta, parece que me separen cinco minutos de ti aún haciendo meses que ya te has ido pero es que una parte de mi se niega a dejarte y, por eso no dejo que el tiempo pase creyendo que a la mínima sonará el timbre porque serás tú que has vuelto pero ni pasa el tiempo, ni pasas tú.

-Ann.

dimecres, 18 de març del 2015

Mi madre me decía...


Mi madre cuando era pequeña me dijo una vez que una persona como yo si se enamoraba iba a hacerlo de por vida pero en ese momento no la entendí, de hecho ni me preocupé por entenderla. Creía que el amor era otra invención de la sociedad que te hace creer que necesitas a alguien, que te hace creer que realmente hay alguien para ti para toda la vida y nunca le hice caso pero luego crecí y le conocí a él. Sentía que era esa persona con la que tenía que estar, me sentía feliz y era la primera vez en toda mi vida que alguien lograba hacerme sentir especial, cómo que todo valía la pena y que si tenía que hacer algo quería que fuese con él. Creía quererle para toda mi vida, de hecho lo hacía pero simplemente...se acabó. Me llevé la hostia de mi vida y en ese momento le lloré lo que nunca había llorado y me prometí por encima de todo no caer en la trampa de nadie y no volver a enamorarme pero, no pude. Volví a caer, volví a sentir eso por alguien y sentía que todo lo malo que había tenido hasta ahora había valido la pena si me pasaba toda mi vida sintiéndome tan feliz como me sentía con él. Me sentía que incluso yo valía la pena y sentía que todos aquellos días grises que había tenido hasta ahora tenían un poco de color gracias a él. Le quise como nunca había querido a alguien, sentía que en el estómago tenía un zoo entero, ni mariposas ni nada, todo un zoo pero, simplemente me llevé la hostia de mi vida de nuevo, como si no doliese, ¿sabes? Y en ese momento volví a llorar como nunca pero ésta vez no pude prometerme no enamorarme porque sabía que tarde o temprano volvería a hacerlo, en ese momento no estaba preparada para ello, de hecho sigo sin estarlo. Ni ahora, ni lo estaré nunca. Porque sí, puede que mi madre tuviese razón, puede que una persona como yo cuando quiere lo hace de verdad pero lo que nunca me contó es que de la misma forma que quieres a alguien también tienes que olvidarle. Y que te rompen, que aunque des tu corazón te lo pueden devolver roto, y eso nunca me lo contó. Y siento que no sé como olvidar, siento que no sé como arreglar esto tan roto que queda aquí. No sé y ni me importa hacerlo, no sé porqué pero prefiero seguir aquí queriéndole a ver si vuelve. Y si no lo hace, supongo que... no lo sé, es que pf... no lo sé... si no vuelve me sentiré más perdida de lo que ya me siento y no se lo deseo a nadie. Estoy harta de que la gente me haga creer que el amor es una mierda porque sé que no es así pero es que no llega ni una puta persona que me hace ver lo bonito que es. Siento que no hago más que darlo todo de mí y me lo devuelven así; me dejan sin fuerzas, me tiran al suelo y me pisotean mil veces como si no me doliese y por eso me da tanto miedo querer porque siento que van a romperme un poco más y, siento que ya no queda nada más de mi para romper y por eso hago como si no tuviese corazón porque si no tienes no te lo pueden romper y, eso es lo que he aprendido. Que sí, que puede ser muy bonito pero no veas lo que duele cuando dejan de quererte cuando tú sabes que él es a lo único que quieres.

-Ann.

diumenge, 8 de març del 2015

Bienvenida a mi vida.


"La miré fijamente porque llevaba más de cinco minutos callada, parecía que en su mente no dejaba de romperse poco a poco, yo muy en el fondo sabía y sentía que ella no podía más, que su sonrisa ya no era la de antes. Aparté unos segundos la mirada intentando no llorar por todo el caos que tenía yo encima, sin importar como me sentía yo me preparé mentalmente para ayudarla.

-¿Qué te pasa?- le pregunté sin mirarla.

-No me pasa nada.

-No soy tan tonta como para no darme cuenta de que no estás bien -le dije.

La miré de reojo y vi como le brillaban los ojos. 'Otra vez no' pensé. 

-No puedo más.

-¿Qué es lo que te pasa ahora?

-Siento que no puedo más, que tengo muchos problemas en casa, millones de exámenes, me he peleado con mi mejor amigo y con el chico del que te hablé, ¿sabes? -la miré y asentí- La cosa se ha acabado y siento que todo se me viene encima -la escuché sollozar y le puse una de mis manos en sus hombros- Siento que he cambiado, que ya no soy lo que era antes y que tengo miedos que antes no tenía -sentía que me brillaban los ojos- Soy una persona muy insegura cuando antes sabía muy bien lo que quería, quién era y lo mucho que valía.

-Date tiempo -le dije- Todo al fin y al cabo se arregla -la miré fijamente- El problema es la actitud que tienes delante del problema; si crees que no puedes, no podrás. Es cuestión de tiempo que todo tarde o temprano se arregle, ya verás -le sonreí- Lo único que no puede arreglarse es la muerte y para eso aún te queda mucho.

Asintió, se secó las lágrimas y nos quedamos en silencio.

-¿Y tú? -dijo.

-¿Yo qué?

-Si estás bien -me miró con una pequeña sonrisa.

-Sí, como siempre -aparté la mirada para que no viese lo brillante que estaba y lo poco que me quedaba para llorar." 

Y eso es lo que realmente pasa, lo mismo de siempre. Les dices que tarde o temprano todo les irá bien y aún viéndote apunto de llorar se creen ese puñetero estoy bien. Y no sé qué será de mí, no sé si llegará el día en el que cambien los papeles y...

"-¿Y tú? -dijo.

-¿Yo qué?

-Si estás bien -me miró con una pequeña sonrisa.

-No -la miro fijamente sintiendo como solo salen las primeras lágrimas sabiendo que aún quedan muchas- Pero supongo que eso siempre da igual, ¿no? -intenté no cabrearme pero ya era demasiado tarde- Siempre es lo mismo, os digo que todo está bien cuando se nota de lejos que nada va bien pero parece que nunca os ha importado, estáis tan metidas en vuestros problemas que nunca en la vida os planteáis si en mis silencios hay algo más que una simple pausa para pensar en lo mío -me sequé las lágrimas que seguían cayendo- Nada va bien en mi vida y siento que os importa bien poco, a ver, sé que no tenéis que arreglar mis problemas pero por esa regla tampoco tendría porque ayudaros con los vuestros y aún así lo hago porque os quiero -la miré- Llevo meses con toda esta mierda y sintiendo que no puedo más; he perdido a gente sin que os deis cuenta, he aguantado mierdas que no tengo por qué aguantar a mi edad, he soportado que me rompieran el corazón y pasado por situaciones que no deseo a nadie, ni a mi peor enemigo y tú como si nada llorándome cada día diciendo que no puedes más -la vi totalmente seria- Y ¿sabes qué? Me río por no llorar, dime por favor cuanto tiempo llevas sintiéndote insegura y con miedo, dime, ¿un par de meses? Y ahora si te da la gana pregúntame a mí cuanto tiempo llevo y te sorprenderás cuando te diga que llevo tantos años que ya he perdido la cuenta de las veces que he llorado por odiarme y no saber quererme- aparté la mirada, no sabía ni a donde mirar- Así que si realmente te crees que estoy como siempre y que eso significa que estoy bien, adelante pero no esperes que me preocupe más por tus silencios, por tus malas caras y por tus ojos brillantes apunto de llorar si nunca en la vida has sido capaz de ver cuando yo estoy mal sabiendo que yo a la mínima me doy cuenta y siempre he estado ahí para ti- sentía que no podía más- No esperes que me quede cuando ni tú ni nadie se queda ahí para mí, ojalá llegaras a saber la cantidad de veces que te he abrazado habiendo necesitado yo mucho más ese abrazo, no quieras saberlo porque entonces sabrías lo que es sentirse mal- cerré un segundo los ojos- Y tampoco quiero eso de la misma forma que no te deseo en la vida, nunca- la miré- Que te sientas tan perdida y sola como yo me siento todos los días de mi vida así que si te sientes así en estos momentos, solo puedo decirte una cosa -vi como se le caía una lágrima- Bienvenida a mi vida."

Pero eso no es lo que verdaderamente dices, ¿para qué? Te mirarían, se quedarían sin habla y simplemente te dirían, sonríe y, no, no estoy para esas gilipolleces. Supongo que a la larga me sale más a cuenta decir que estoy bien y esperar a que aparezca alguien que verdaderamente me pregunte que qué tal estoy porque realmente le importa y no para quedar bien como siento que mucha gente de mi vida hace. No me sale a cuenta, así que si quieres saber si estoy bien, sí, como siempre.

-Ann.