divendres, 13 de novembre del 2015

Cree en ti y no en la gente.


nunca dejes que alguien te diga que no puedes hacer algo; ¿acaso ellos tienen alguna idea de quién eres o hasta donde eres capaz de llegar? Mira, la mayoría de la gente que me rodea siempre me repite que no llegaré a nada o que no sé hacer nada; siempre e incluso hay veces que no sé por qué, me da por creerles. Supongo que por tonta y porque hay veces que cuando estás abajo siempre hay gente dispuesta a hundirte un poco más, porque sí, porque les apetece y porque les viene bien. Y en su día eso me dolía un montón; creía que si la gente decía que yo no valía nada o que no llegaría nada era porque quizás tenían razón pero con el paso del tiempo me di cuenta que si lo decían era porque no me conocían, porque no sabían quien era yo y de lo que era capaz y de lo que soy capaz de hacer por todo aquello que realmente me hace feliz, por aquello que para mi es importante.

Nunca me doy por vencida, por muy jodida que esté o por muchas malas rachas que vengan. Siempre acabo alzando la vista aún estando al borde del precipicio y me digo "ahora no, no es momento de caer" y sigo pisando fuerte sin importarme cuando llegará esa caída, no me importa, no me preocupa saber que caeré porque sé que por muchas cosas malas que me dé la vida, ella no podrá conmigo si sigo con estas ganas de todo. Porque es así; me da igual tener días malos si luego al final acabo luchando para tener de buenos y... eso hago; no me importa que a veces el miedo me venza ni que me acojone el hacer cosas nuevas porque si no intentas algo nunca llegarás allí donde tú quieres. Creo que es muy fácil sentarse, decir que quieres algo y ni intentarlo; entonces déjame decirte que entonces quizás si que hay gente que tiene razón; no llegarás ahí donde quieres si no luchas por ello.

¿Sabéis? Yo siempre he sido muy soñadora pero no de "quiero esto" o "quiero lo otro" normalmente soñadora de sueños imposibles que me hacen feliz junto a personas y aunque a veces me digo a mi misma que estoy loca, me gusta ese tipo de locuras de soñar cosas imposibles y de intentar cumplirlas porque lo mejor de ello es que hasta ahora ya he cumplido muchas. Soy ese tipo de persona que no para hasta conseguirlo, que tiene metas, que tiene sueños que por muy difíciles que sean, no se rinde. No se detiene porque siento que no me vale la pena rendirme si lo que quiero sé que me va a hacer feliz. Y no, no soy ese tipo de gente que cuando consigue algo, le quita el valor que hasta ahora tenía, no necesito perder algo o conseguir algo; para dejar de valorarlo. Y todo esto lo he aprendido con el tiempo; lo he aprendido escuchando a gente diciendo que no lo conseguiría porque llega el punto de que tienes que hacer oídos sordos y cometer esas locuras que para ti te mantienen cuerda así que no dejes que la gente piense o diga de ti cosas que ni saben porque al fin al cabo la gente solo conoce lo que tú dejas conocer.

Así que solo voy a pedirte una cosa; pase lo que pase; tengas momentos buenos o momentos malos, nunca dejes de luchar por algo, nunca dejes de creer en que puedes llegar ahí donde tú quieres. Y que te de igual lo que la gente diga porque ésta siempre hablará pero ¿sabes qué? Lo que importa es lo que pienses tú, lo que creas tú y si eso por lo que luchas te hace feliz, no te detengas  hasta conseguirlo. Y sobre todo que no te de miedo el fracaso o el creer que te equivocas porque estar un poco loco cuando se trata de soñar a veces es los que nos da la felicidad.

-Ann

dimarts, 10 de novembre del 2015

Ni eres ni volverás a ser.

¿recuerdas lo que fuimos juntos? ¿recuerdas lo mucho que nos necesitábamos y lo felices que éramos? ¿recuerdas la primera vez que me dijiste que me querías? Creo que nunca en la vida me había sentido tan nerviosa aún sabiendo de sobras que solo podía decir una cosa ante eso; yo también. Recuerdo lo nerviosa que me puse al oírtelo decir por primera vez, porque muy en el fondo lo sabía pero a veces las personas necesitamos oírlo, necesitamos que nos lo demuestren por miedo a que llegue el día en el que ya no lo sientas.

Era mi jodida canción favorita el oírte decir que me querías, si pudiera a estas alturas me la seguiría poniendo en modo repetición para no olvidarla pero la putada es que ya no estás aquí para cantármela. Han pasado los meses y... joder, hay heridas que todavía duelen. Y duelen porque no tengo el valor de dejar de escribirte; siempre me repito "deja esta mierda ya" o "no escribas nunca más porque sabes lo que luego vendrá" pero es mi forma de dejar escrito en algún momento de mi vida lo mucho que me llegaste a hacer sentir. Y mira que ya te he escrito, joder, pero cada día tengo muchas más cosas que decirte; como por ejemplo; qué coño has hecho para irte y dejarme aquí con los recuerdos, cómo por qué te fuiste así sin más solo por miedo cuando ahora nada te acojona, por qué ni siquiera pudiste intentarlo cuando ahora luchas por todo aquello que se te pone delante, por qué cojones pudiste irte como si realmente no te doliera ni una mínima parte de lo que a mi me sigue doliendo. ¿Por qué?

Supongo que hay preguntas sin respuesta aunque muy en el fondo me gustaría tenerlas.

¿Recuerdas la de veces que siempre volvías a mi? Porque siempre encontrabas la forma de irte y buscabas alguna excusa barata para poder volver y que yo te dejara pero lo que no sabes es que no necesitabas ninguna; me mirabas y todo cobraba sentido, ¿cómo iba a dejarte fuera de mi vida si siempre volvías? Así de enamoraba estaba, ¿es que no lo veías? Y lo que me fastidia aún más es el ver y el saber que has seguido adelante sin mi cuando hace meses prometías que nunca nada iba a ser igual en tu vida si yo no estaba en ella. Y yo me lo creía, ¿cómo no iba a hacerlo? Lo decías tú.

Recuerdo, también, que una vez alguien me dijo que si me enamoraba de alguien que escribía, nunca moriría; lo que no me dijo es qué era lo que pasaba cuando esa persona que te escribió, empezaba a escribir a otra. Eso te destroza por dentro, acaba contigo y arrasa todo a su paso sin importar cómo acabes. Pero supongo que en parte tenía razón; porque yo escribo o mejor dicho, le escribo y sé que una parte de mi siempre lo hará y eso hará que nunca muera porque no estoy preparada para dejarle morir y eso, eso sí que es una putada. El sentir que no puedes dejar ir algo que te hace daño porque tú, así de tonta, albergas esa esperanza de que las cosas vuelvan a ser lo que eran. Pero ni fuimos, ni seremos y no sé lo que me duele más; si ser de aquellas que esperan algo que no llega o de las que finge seguir cuando ni siquiera tienen ganas, que fingen que todo está bien y que tarde o temprano llegará alguien que te quiera. Y una mierda.

Y una mierda.

Porque en esos momentos lo único que quieres es que vuelva quién no vuelve pero mientras te engañas diciendo que todo pasará, que las cosas mejorarán y que tú serás la misma que eras antes de conocerle pero han pasado tantos meses que ya ni te recuerdas. Que ya no sabes ni cómo era tu vida antes de esa persona y una parte de ti no quiere ni volver a ella porque sabe que cuando realmente eras tú era con él. Y ya no está, ni fuisteis, ni sois, ni eres, ni volverás a ser. Y eso, eso sí que es una verdadera putada.

-Ann.

dimarts, 15 de setembre del 2015

Echarte te menos y escribir para tenerte.

Palabras que nunca te dije y que un día escribí:

"Conocí, en ésta vida o quizás en otra, al aprendiz de Neruda. Nunca podré llegar ni a escribir la mitad de bien que él llegaba a hacerlo, ni aunque lo intente. Escribía de tal manera que te enganchabas a ello, de la misma forma que un adicto se engancha a la coca y no puede dejarla. Yo tampoco podía. Él, podía contarte mil historias en versos que describían todas y cada una de las espinas que se te clavan cuando te enamoras y ese amor, te abandona. Podía hablarte de sueños e insomnes que lo eran por musas con las que un día soñaron y que al final simplemente se esfumaron. Y yo hoy le intento llegar a la suela de los zapatos y le escribo pero no a él, hoy, a la luna, para decirle que le susurre que vuelva, que le diga que no sea uno de aquellos que ya no lucha por miedo. Le escribo a ella y quizás a ti con la esperanza de que lo leas y te des cuenta de que no hay nada más bonito que un amor cuando florece y vive y no aquel desamor del que tanto escribimos. Y qué bonito florecer parecía tener el nuestro pero, no, no florecía, esa flor que simbolizaba nuestro amor acabó marchita por no saber cuidarla y te admito- desde aquí- que es una pena y, una vez alguien me dijo que cuando yo sonreía se me formaban unos hoyuelos preciosos que hacían florecer todas y cada una de las flores de nuestra amada Primavera y desde que te has ido ha desaparecido, he dejado mi sonrisa por el camino y he dejado, también, la Primavera incompleta por falta de sonrisas y eso, eso sí que es una verdadera pena. Y, ¿sabes qué? desde que Neruda dejó de escribirme parece que las heridas que tenía antes de engancharme a él y a leerle, vuelven a abrirse como si quisieran recordarme lo sola que me he quedado y la falta que me hacía -y hace- un buen escritor como lo era él. Y yo, como una loca como a veces me llamabas, te escribo como si fueses alcohol puro para mis heridas y me curaras todas y cada una de ellas con las palabras que un día me dijiste. Y aquí me tienes, a las tantas de la madrugada y no sé ni qué hago aquí, parece que solo hago que escribirte un pedacito de mi o de ti y, ya no sé si la musa que un día fui sigue inspirándote a escribir o si en cambio ahora te quita las ganas de vivir como a veces me las quita a mi.

Y te diré, con total sinceridad, que hoy he vuelto a leerte- después de mucho tiempo- mientras Ludovico sonaba de fondo. Nuestro amado y preciado Ludovico. No he podido evitar leer aquellas palabras que un día me dedicaste, recuerdo que dijiste que yo era de esas chicas que todos miran, admiran e idolatran, pero que muy pocos entienden. De la que escribe mucho del pasado para hacer ver que lo ha superado. De las que rompen poco, excepto a ella misma. De las que sienten rápido y olvidan lento. Y no te equivocabas, te recordaba a una leona pero incluso ella tiene sus momentos de debilidad y pierde la fuerza y yo hace mucho que ya la perdí. Te perdí y la perdí. Y ya no sé cómo seguir, eras como una de esas adicciones que aunque quieras, no las superas. Y te juro por encima de todo que lo he intentado pero, ya ves, aquí me tienes, escribiéndote de nuevo como si algún día lo hubiese dejado de hacer. El tiempo pasa, llega Febrero y tengo miedo de que sigan pasando los días y tú no estés en ellos. Llegará Mayo y parece que lloveré con él. Cuántas lágrimas soltaremos, agua de mayo, o no, también agua de mi. De mi sin ti. Parece que todo se vuelve gris y lo odio en todos sus matices porque tú me dabas color en todos los sentidos. No sé qué más decirte porque quizás para ti todo esto no tiene ni sentido, ni siquiera sé lo que estoy haciendo, parece que te quiero de vuelta porque no es tan fácil dejar ir a la única y última estrella de esta galaxia encontrada que encontré en ti mientras observaba a nuestra amada Luna en esas noches que nos teníamos. No puedo dejar a esa estrella, no tan fácilmente, no puedo y menos cuando fue la primera que tuve entre mis manos y me hizo tan feliz. Tonterías mías supongo; no creo que ni haga falta que te diga quién soy porque ya lo sabrás; conoces bien a la que fue tu musa aunque ya dejó de serlo y no sé a qué he venido; solo sé que he cogido un bolígrafo y un papel y he empezado a escribir y, aunque no lo entiendas, toda esta mierda que te he escrito viene siendo lo mismo que un 'vuelve' porque eso es lo que realmente necesito."

-Ann.

Así soy yo.

Mucha gente a veces de la nada me ha dicho "cuéntame cosas sobre ti" y todavía se me queda la misma cara de tonta al no saber por dónde empezar ni qué decir. 

¿Por donde empiezo? Soy una soñadora nata, que se imagina los planes más imposibles y que una parte de mi lucha por hacerlos realidad y a su misma vez, soy esa chica que a veces le apetece una buena tarde de sofá, manta y series y dejar lo de luchar por algo para mañana. Esa chica que cuando se le mete algo entre ceja y ceja no para hasta conseguirlo y tenerlo, esa misma que a veces el miedo la frena a vivir, a hacer lo que le apetece pero que otras veces piensa, ¿y por qué no arriesgarse? Si ya he perdido muchas cosas en ésta vida, ¿qué más puedo perder? Soy la persona más cabezona del mundo y aunque me digas que no, yo siempre te diré que sí por el simple placer que me da discutir con alguien y acabar riendo por mi estúpida tozudez. Me gusta lo imposible, lo improbable y por lo tanto, poco probable; siempre querré hacer aquello que la gente ni se atreve y lo haré aunque haya lo posibilidad de caer, caeré en ese precipicio con los ojos cerrados y con impulso si eso es lo que verdaderamente quiero y lo que realmente me hace feliz. Me gusta fijarme en los pequeños detalles; aquellos que ni la gente ve; como esa forma que tienes de apartarte el pelo de la cara o lo mucho que frunces el ceño cuando algo no te gusta; esos pequeños detalles que la gente no suele ver porque está demasiado preocupado en sí mismo. Me gusta demostrar, día tras día, lo mucho que quiero a la gente que quiero aunque también soy de esas que, si pasas por mi vida, siempre te recordaré aunque salgas de ella. 

Soy esa persona que siempre cae y aunque a veces pierda las fuerzas y se quede ahí tirada, siempre acabo levantándome aún sabiendo que a los pocos segundos de estar de pie, es cuestión de tiempo volver a estar abajo. Me gusta disfrutar de cada pequeño momento como si fuese el último y decirle a aquella gente que tengo conmigo, te quiero, todos los días de mi vida. Me gustan los abrazos, sin venir a cuento, aquel tipo de abrazos que parece que te curan y que te dan un poco de vida. 

Soy esa clase de persona que se muerde las uñas nerviosa o que no deja de tocarse el pelo pero que luego parece la más tranquila de todas, esa chica vergonzosa que le cuesta hasta pedirte la hora pero que al fin y al cabo echa un par de huevos si no le queda más remedio. Esa que lucha contra cualquier adversidad y que no se rinde fácilmente, la que a veces llora cuando ve que las cosas no salen bien o que no tiene lo que necesita pero la misma que luego sonríe a pesar de todo lo malo que puede venirle. Aquella chica que mira siempre por todos menos por sí misma porque cree que la felicidad o la sonrisa de una persona, le basta para sentirse un poco mejor. Soy esa clase de persona que tiene muchos miedos, muchas inseguridades y muchos complejos que finge no tenerlos y parece que se le da de puta madre pero lo hace porque cree que, al fin y al cabo, de tanto fingir se lo acabará creyendo y se acabará queriendo.

Ese tipo de chica que no se quiere pero que lo intenta, siempre lo intenta porque cree que la vida se basa en eso; en intentar, seguir intentándolo aunque salga mal, caer, llorar y todo lo que te dé la gana pero intentarlo hasta conseguirlo.

Soy quién dice que no va a ilusionarse nunca más y al segundo siguiente ya lo está haciendo y esa sonrisa de tonta lo demuestra porque a pesar de las hostias que me de la vida, siempre querré intentarlo una vez más para ver si ésa será distinta porque sí, joder, ¿quién me dice que no va a salir bien? Y a pesar de ser una negativa de mierda o quizás realista, no sé, me gusta creer que todo aquello en lo que creo y sueño, puedo tenerlo si lucho por ello. Así que a pesar de todas las inseguridades y de todas las cosas malas que tengo, nunca me rindo porque no quiero que pase el tiempo y darme cuenta de que lo que he vivido, no era lo que quería, lo que sentía o lo que necesitaba.

Quiero cambiar, quiero crecer y quiero seguir siendo yo; esa chica con sus pequeñas manías que la hacen un poco especial aunque a veces no sea capaz de verlo. 

-Ann.

divendres, 11 de setembre del 2015

No quiero perderme aún sabiendo que ya lo estoy.

¿Recuerdas lo fuerte que era cuando se trataba de nosotros? ¿Recuerdas que a pesar de ser una insegura de mierda sacaba las ganas de luchar de donde no las había? Pues cariño, creo que esa fuerza se fue contigo el mismo día que decidiste irte porque sino no encuentro otra explicación. 

Verás... nada va bien, ¿sabes? Supongo que como a todos, un día malo lo puede tener cualquiera pero, ¿tantos? Y no es que me guste sentirme así pero no sé cómo salir de ésta mierda. Cariño nada va bien aquí. Nada. Me levanto y no hay día en el que no me sienta sola; sigo con mi vida, salgo, disfruto, me río, me... todo. Pero he llegado al punto en el que me he dado cuenta de que no dejo de fingir, que realmente no me siento con ganas de reír y aún así lo hago pero, no sé si soy yo, mucha gente me ha dicho que cuando sonrío mis ojos ya no lo hacen y, joder, lo sé. Sé que no lo hacen porque no dejo que lo hagan, porque ahora mismo no me siento feliz. Y eso hace que recuerde algo, alguien -algún día- dijo que los ojos son el espejo del alma y creo -sin duda alguna- que si me miras verás lo rota que me siento (o que estoy). 

Y no es que sienta que el mundo se me viene encima sino que el mundo ya ha caído y ha destrozado todo a su paso. Y te cuento esto porque ya no puedo más; no dejan de haber problemas en casa -como en todas supongo-, no dejo de perder a gente que para mi es importante pero ya veo que yo para ellos no, la gente se distancia y aún no entiendo el por qué, me dejan así sin más o ni siquiera luchan por mantenerme con ellos, siento que soy invisible a los ojos de todo el mundo cuando luego soy la primera en estar ahí para todos (aunque digan que están bien o que no pasa nada), siempre estoy ahí. Siento que todo lo que quería hacer a lo largo de mi vida me está saliendo mal o que quizás nunca llegará a pasar. Y es que cuando viene algo bueno en mi vida ni lo disfruto porque no paro de preguntarme hasta cuando me durará, sé que poco. Y sí, me siento sola aún sabiendo que no lo estoy y creo que eso es lo peor de todo; tener a gente y aún así sentir que no tienes a nadie, sentir esas ganas irrefrenables de llorar a todas horas y no querer salir de la cama, ¿para qué? ¿acaso me espera algo bueno? Eso me pregunto todos los días. 

Y he llegado hasta el punto de no poder más, de no querer sonreír porque no me apetece, de sentir que me falta algo o alguien, quizás yo o quizás tú, no lo sé pero si te digo la verdad creo que dentro de todo lo malo que estoy viviendo, el no tenerte es el menor de mis problemas. Porque, cariño, el tiempo pasa y sé que no voy a tenerte, que quizás las cosas no mejorarán o puede que sí, no sé pero sé que no voy a tenerte y lo que de verdad me acojona es que pase el tiempo y no saber si me tendré a mi, si quedará algo de mi o si seguirá esto igual de roto que lo está ahora pero sé que si volvieras y me miraras, no reconocerías a quien dejaste aquí; de hecho ni yo lo hago... sinceramente no sé ni lo que quiero, ni lo que soy ni lo que busco; solo espero llegar a encontrarme y no perderme de la misma forma que te perdí a ti, que pierdo a todos (incluso a mi). 

-Ann.

diumenge, 28 de juny del 2015

El olvido.


El olvido me ha dicho que no es nuestro momento, que me espere y que deje de buscarle porque en lo que refiere a ti, nunca voy a encontrarle. Parece que no quiere que te olvide, menudo hijo de puta, yo aquí deseando deshacerme de ti, aunque me duela, y él se burla de lo nuestro queriéndome hacer sufrir y hacerme recordar todas y cada una de las cosas que llegamos a vivir. Y no quiero, joder. No quiero que cada cosa que hago pueda recordarme a ti. No quiero que de la nada aparezca el olor de tu perfume o que alguien se ría casi de la misma forma que tú lo hacías. Y digo casi porque nadie sabe imitarte del todo, ni aunque lo intentaran. No quiero que ninguna canción me hable de ti, ni de mi ni nada de lo que vivimos. No quiero que unas sábanas me hagan añorar la cantidad de veces que llegamos a perdernos en ellas, tantas que hasta perdí la cuenta. No quiero que mis amigos me pregunten que cómo lo llevo o si he vuelto a saber de ti. No quiero ver ninguna de nuestras fotos ni tampoco tu cepillo de dientes en el lavabo. No quiero ver ninguna de tus cervezas en mi nevera ni tu letra en uno de los post-it que dejas en la encimera diciéndome cualquier chorrada bonita. No quiero ver tu calcetines dando vueltas por el suelo de mi habitación ni que te dejes tus llaves perdidas por algún rincón de mi casa para luego no volver a tu casa porque no las encuentras. No quiero encender la radio y encontrar tu emisora favorita cómo tampoco quiero que me llames para hacerme feliz un par de segundos y sentirme vacía cuando acabas de colgar.

No quiero nada de eso y sí, puede que hace unos meses me muriera de ganas de eso y más pero ahora no, no quiero pasarme la vida lamentándome por haberte perdido ni dedicar cada segundo a recordarte hasta que vuelvas porque sé sin duda alguna que una vez que alguien se va, ya le quedan pocos motivos para volver. Y sé que no te di suficientes motivos para quedarte aunque pensara que el quererte ya era suficiente. Así que por eso llamo constantemente al olvido para que me ayude a olvidarte pero ya ves, parece que quiere reírse de mi, cómo si ya no me hubieses dolido lo suficiente. Así que mientras él se niega a venir a mi y se niega a que te olvide, yo finjo olvidarte, finjo que no me dueles y finjo que se me ha olvidado lo que era quererte a ver si así llega el día en el que paso de fingir y ya empiezo a vivir, sin ti.

-Ann.

dimarts, 14 d’abril del 2015

Era mi música favorita aún sin ser canción.

Hace un frío de la hostia pero ya sabes que nunca se me ha dado bien encender la maldita chimenea, que por muchos troncos que le ponga la llama no se aviva de la misma forma que por mucho que te llore, no volverás. ¿Por dónde iba? Ah sí, que hace frío, me he tumbado en el sofá y me he tapado hasta arriba como siempre hacía pero me ha faltado tu abrazo para acabar de entrar en calor, es una lástima. E inevitablemente se me va la vista al reloj que colgaste en la pared y, ¿sabes qué? No he sido capaz de quitar la foto nuestra que pusiste justo al lado de el pero, ¿sabes qué es lo peor de todo? Que hace unas semanas quité la pila a ese reloj y dejé que marcara cinco minutos antes de las ocho, esos cinco minutos que me separaban de tu vuelta a casa después del trabajo. Lo miro y sé que hace una semanas en cinco minutos sonaría el timbre y serías tú, aún teniendo llaves esa era tu forma de decir "cariño, ya estoy en casa· y aunque fingía enfadarme porque interrumpías aquello que hacía, no podía evitar sonreír al verte. Llegabas y siempre me encontrabas preparándote la cena; venías, me abrazabas por detrás y siempre me dejabas un beso en mi hombro derecho, aún recuerdo las miles de veces que te decía "mi hombro izquierdo también te echa de menos", te reías y lo devorabas a besos haciendo imposible que me concentrara en algo salvo en ti. Apoyaba mis manos en las tuyas saboreando ese instante, disfrutando de mi lugar favorito. Te metías conmigo, me hacías reír para que se me pasara el enfado y te separabas de mi prometiendo a escasos centímetros de mi oído que te ibas pero que no me daría tiempo a echarte de menos. Aún recuerdo que volvías minutos después con tu supuesto pijama, y a pesar del frío ibas sin camiseta para hacerte el fuerte y esa era tu mejor excusa para que yo te abrazara. Me encantaba hasta tu forma tan peculiar de poner la mesa y sobre todo las miles de veces que mientras yo hacía la cena buscabas cualquier pretexto para acariciarme lo más mínimo sin saber la de miles de sonrisas fugaces que provocabas con ello. Si estuvieses aquí pondrías una de tus tantas excusas para no recoger la mesa pero sin duda alguna mi favorita siempre era: "acabo de llegar a casa después de un duro día y lo único que me apetece es tumbarme en el sofá con mi chica, ¿puedo?" Me mirarías con esa cara de no haber roto ni un puto plato en toda tu vida cuando a corazones no te ganaba nadie y lo peor de todo es que me convencías. 

Y así era cada noche, nos tumbábamos en el sofá después de haber hecho tu numerito con la chimenea mientras yo aprovechaba para observar cada mínimo detalle de ti temiendo que algún día solo fueras ceniza, solo fueras lo que queda de ti después de irte. Me abrazaba a ti y fingíamos ver la espantosa película que echaban en la televisión y recuerdo la de miles de finales felices que habíamos cambiado, ¿lo recuerdas tú? Me encantaba verte tan feliz y sé que tú lo dabas todo por hacerme reír. Recuerdo que una vez odiaste tanto un final porque decías que esas cosas solo pasaban en las películas, decías que tarde o temprano todo se acaba. Recuerdo que mataste a media familia y decías que no podía haber otro final alternativo mejor, recuerdo reír hasta llorar y haberte besado hasta cansarme y, muy en el fondo sé que eso es lo que habría pasado si siguieras aquí. Sé que no éramos partidarios de los finales felices y puede que esto no te lo haya dicho nunca pero si tenía que haber un final feliz deseaba que fuese contigo. 

Si estuvieras aquí -ojalá- te quedarías dormido conmigo en brazos y te despertaría con miles de besos para llevarte a la cama de la forma más dulce y, a veces, simplemente nos tirábamos la noche abrazados sin necesitar nada más, solo teniéndonos. Otras, por muy cansados que estuviésemos, me besabas hasta perdernos sin ni siquiera yo saber si a la mañana siguiente volvería a encontrarme de lo mucho que me perdí en ti durante las pasadas horas. Y al despertar lo harías con cuidado para no despertarme pero aún así nunca dejabas de susurrarme lo mucho que me querías antes de irte creyendo que dormía pero nunca lo hacía. El mejor momento del día era cuando me decías que me querías, era mi música favorita aún sin ser canción. 

Recuerdo, como verás, millones de cosas que por suerte o por desgracia- aún no lo sé- ya no tengo y me paso las noches mirando a ese maldito reloj que siempre me promete que en cinco minutos vendrás pero es mirar por la ventana y saber que ya son las tantas de la madrugada, saber que no vendrás a cambiar este final, que tendré que cambiarlo solo yo pero no sé ni quiero saber hacerlo. Así que aquí me tienes, con este maldito frío sin que haya nadie que me haga entrar en calor, sin que nadie me susurre lo mucho que me quiere y no es que necesite a alguien, te necesito a ti. A ti y a tus pequeñas manías que en otra persona habría odiado pero incluso tu forma de gritarme cuando nos enfadábamos me hacía feliz. Porque si me gritabas era porque al menos estabas aquí. Y lo mejor de todo era que aún habiendo soltado que nos odiábamos por culpa de nuestro enfado, llegaba la noche y me demostrabas todo lo contrario, me demostrabas a besos lo mucho que me querías y en segundos yo ya sabes que me perdía. Y ahora sigo igual, me pierdo en la noche mirando el maldito reloj o lo que puedo ver por culpa de las lágrimas, lo miro deseando que pase el tiempo pero no pasa porque no tiene la pila puesta, parece que me separen cinco minutos de ti aún haciendo meses que ya te has ido pero es que una parte de mi se niega a dejarte y, por eso no dejo que el tiempo pase creyendo que a la mínima sonará el timbre porque serás tú que has vuelto pero ni pasa el tiempo, ni pasas tú.

-Ann.